El 31 de agosto de 1823, el fuerte del Trocadero, que defiende la entrada al puerto de Cádiz en Andalucía, fue tomado a punta de bayoneta por soldados franceses, una hazaña bélica que más tarde se haría famosa en Francia con el nombre que se le dio al barrio parisino del Trocadero.
Una expedición condujo a la restauración del absolutismo español.
Esta operación militar formaba parte de una expedición francesa lanzada por iniciativa del vizconde François de Chateaubriand, quien había abandonado su carrera literaria para convertirse en ministro de Asuntos Exteriores bajo el reinado de Luis XVIII. Su objetivo era poner fin a un experimento liberal que se estaba llevando a cabo en España y restaurar la plena autoridad del rey Fernando VII en el trono, quien entonces se encontraba limitado por una constitución impuesta por los liberales españoles.
Los soldados franceses, aprovechando la bajamar, no dudaron en lanzarse directamente al agua para tomar el fuerte que domina la entrada a la bahía de Cádiz, un asalto llevado a cabo con determinación a pesar de las defensas del lugar.
Un "prodigio", según afirmaba el propio Chateaubriand.
Esta victoria fue el mayor logro de la expedición, permitiendo que el duque de Angulema fuera aclamado triunfalmente a su regreso a París, mientras que Fernando VII, una vez restaurado en el poder, emprendió una brutal represión contra los liberales españoles. En sus Memorias de ultratumba, Chateaubriand, cuya modestia no era su principal cualidad según sus propios biógrafos, concluyó con gran énfasis: «¡Recorrer España a grandes zancadas, triunfar donde Bonaparte había fracasado (...), fue una verdadera maravilla!».
Este éxito militar, el primero logrado por el ejército francés desde la derrota en Waterloo ocho años antes, contribuiría a restaurar la imagen de la monarquía francesa restaurada en el escenario internacional.
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