El 23 de agosto de 1514, el ejército del sultán otomano Selim I aplastó al del sha de Persia Ismail I en Chaldiran, en la actual Turquía, una batalla que inauguró más de un siglo de guerra religiosa entre sunitas turcos y chiitas persas.
Dos imperios enfrentados a una división religiosa
Selim I representaba al islam suní dominante dentro del Imperio Otomano, mientras que Ismail I, fundador de la dinastía safávida, se erigió como defensor de la minoría chií, religión que impuso en todo su imperio. Esta rivalidad religiosa, sumada a las ambiciones territoriales contrapuestas en Anatolia oriental, culminó en un enfrentamiento directo entre los dos estados musulmanes más poderosos de la época.
Los dos ejércitos, cada uno con unos 100.000 hombres, se enfrentaron en la meseta de Chaldiran, no lejos del lago Van, en una región que por entonces estaba en disputa entre los dos imperios.
La superioridad técnica otomana hizo tomar la decisión.
La victoria otomana se debió principalmente a una superioridad tecnológica decisiva: los cañones y arcabuces de las tropas de Selim I arrollaron a la caballería persa, famosa por su formidable fuerza, pero carente de artillería moderna comparable. Sin embargo, el sultán no persiguió a su adversario tras la batalla, conformándose con anexionarse Anatolia oriental y el norte de Irak, abarcando la mayor parte del Kurdistán y el antiguo reino de Armenia.
Esta batalla marcó el comienzo de una rivalidad duradera entre los dos imperios, que continuaría enfrentando a sunitas y chiitas en Oriente Medio durante más de un siglo después de este enfrentamiento fundacional.
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