La prohibición australiana del uso de redes sociales para menores de 16 años, que entró en vigor a finales de 2025, parece estar mostrando sus limitaciones. Según datos de la aplicación de control parental Qustodio, publicados el miércoles, el uso de varias plataformas por parte de los adolescentes ha aumentado gradualmente tras el fuerte descenso registrado cuando la ley entró en vigor, a pesar de que se presentó como una medida pionera diseñada para proteger a los menores.
Este fenómeno afecta particularmente a TikTok, Snapchat e Instagram. En julio de 2026, el 11,36 % de los jóvenes de entre 10 y 12 años usaban TikTok, en comparación con el 10,73 % en noviembre de 2025, justo antes de la prohibición, mientras que el 25,96 % de los jóvenes de entre 13 y 15 años seguían usando la aplicación, apenas un punto porcentual menos que antes de la prohibición. Los datos de Qustodio también muestran un cambio en el uso hacia WhatsApp, que no se ve afectado por la legislación australiana.
Estas soluciones provisionales menoscaban la eficacia de la medida.
Según Yasmin London, experta en seguridad en línea de Qustodio, los jóvenes pueden eludir las restricciones utilizando VPN o falsificando su edad, mientras que algunas plataformas de mensajería están exentas. Qustodio recopiló sus estadísticas a partir de datos mensuales anonimizados de usuarios menores de 16 años, definiendo el uso como al menos cinco minutos consecutivos de acceso durante el mes. El gobierno australiano defiende la prohibición argumentando que protege a los niños del acoso en línea y de los algoritmos depredadores.
Sin embargo, la eficacia de la medida es objeto de debate. Un estudio publicado en junio por un equipo de investigadores australianos concluyó que, por el momento, existen pocas pruebas que permitan afirmar que la prohibición esté produciendo los efectos deseados. La medida, duramente criticada por el sector tecnológico, ha inspirado, no obstante, diversas iniciativas en el extranjero, especialmente en Francia y el Reino Unido. El regreso gradual de los jóvenes a ciertas plataformas podría ilustrar, por tanto, las dificultades que presentan las políticas destinadas a limitar el acceso de los menores a las redes sociales.
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