Inglaterra podría convertirse en uno de los primeros países del mundo en lograr la eliminación de la hepatitis C como amenaza para la salud pública. El país ya ha tratado a más del 80 % de los casos conocidos, superando así uno de los umbrales clave establecidos en la estrategia internacional contra esta infección viral del hígado.
Desde 2015, más de 100 000 personas han sido diagnosticadas y tratadas en Inglaterra. Los tratamientos antivirales, administrados en forma de comprimidos durante ocho a doce semanas, curan a más del 95 % de los pacientes. Además, la mortalidad por hepatitis C ha disminuido un 36 % en diez años.
Más de 50.000 personas siguen siendo portadoras del virus.
En 2024, alrededor de 50 200 adultos seguían viviendo con hepatitis C en Inglaterra. Las autoridades sanitarias estiman que el 84,6 % de ellos habían sido diagnosticados, una cifra cercana al objetivo del 90 %. El país aún necesita lograr una reducción del 65 % en la mortalidad con respecto a 2015 para cumplir con todos los criterios previstos para 2030.
Se han intensificado las pruebas de detección en los servicios de urgencias, durante las consultas con el médico de cabecera y mediante kits gratuitos que se pueden solicitar con entrega a domicilio. El NHS (Servicio Nacional de Salud del Reino Unido) está dando prioridad a las personas que han compartido material de inyección, han recibido ciertos tratamientos médicos en el pasado en países con normas de higiene menos estrictas o han estado expuestas a productos sanguíneos contaminados.
Una infección latente durante mucho tiempo
La hepatitis C se transmite principalmente por contacto con sangre infectada. Puede permanecer asintomática durante varios años, incluso mientras el virus daña progresivamente el hígado. Sin tratamiento, puede provocar cirrosis, insuficiencia hepática o cáncer.
La implementación de este sistema surge también tras el trauma causado por el escándalo de la sangre contaminada en el Reino Unido. Entre 1970 y 1991, más de 30 000 personas en el Reino Unido se infectaron con VIH o hepatitis C tras recibir sangre o productos sanguíneos contaminados. Aproximadamente 3000 víctimas han fallecido desde entonces. El NHS (Servicio Nacional de Salud del Reino Unido) espera ahora alcanzar los objetivos internacionales antes de la fecha límite de 2030.
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