El Kremlin advirtió el martes que un vacío legal tras la expiración del tratado nuclear New START entre Rusia y Estados Unidos, prevista para febrero, supondría un grave riesgo para la seguridad internacional. Este acuerdo, firmado en 2010 y prorrogado por primera vez en 2021, es el último pacto restante que limita los arsenales estratégicos de ambas potencias.
El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, reconoció que sería "prácticamente imposible" concluir un nuevo tratado antes de la fecha límite del 5 de febrero. Para evitar una escalada, el presidente Vladímir Putin propuso que Moscú y Washington mantuvieran su adhesión unilateral, durante un año más, a los límites establecidos por el acuerdo: 1.550 ojivas nucleares desplegadas y 700 vectores estratégicos (misiles, submarinos y bombarderos) para cada parte.
Peskov advirtió que Rusia tomaría "medidas" no especificadas si Estados Unidos rechazaba la oferta, subrayando que la ausencia de un marco bilateral representaría un peligro "desde una perspectiva global". Añadió que el tiempo se agotaba y que no se podía descartar la posibilidad de una reanudación de la carrera armamentista.
En Washington, la Casa Blanca reaccionó con cautela, calificando la propuesta de Putin de "bastante buena" y anunciando que el presidente Donald Trump respondería pronto. Los expertos creen que mantener los límites actuales permitiría a ambos países posponer, al menos temporalmente, una costosa y acelerada modernización de sus arsenales nucleares.
El asunto surge en un clima diplomático tenso, marcado por el estancamiento en torno a la guerra en Ucrania. A pesar de varias llamadas telefónicas y una cumbre en Alaska en agosto, no se ha avanzado en este aspecto. Putin ha advertido que Rusia solo ampliará su cumplimiento de los límites de emisiones del tratado si Estados Unidos se compromete formalmente a hacer lo mismo.