Tras cruzar la frontera hacia el enclave español de Ceuta, los migrantes regresan a Marruecos en pequeños grupos, exhaustos, después de haber pasado dos o tres días en las calles prácticamente sin nada que comer.
Para muchos migrantes, cruzar a Ceuta no lleva a ninguna parte. Tras cruzar la frontera desde Marruecos, se encuentran vagando por las calles del enclave español, sin recursos ni perspectivas, antes de regresar.
Este discreto y repetido retorno se realiza en pequeños grupos. Dos o tres días bastan para que la esperanza dé paso al agotamiento. Los migrantes regresan entonces a territorio marroquí en la misma miseria en la que llegaron.
Esta situación ilustra la difícil situación que enfrentan miles de personas que intentan llegar a Europa a través de esta frontera terrestre entre África y España, una de las pocas que quedan en el continente. Ceuta, territorio español enclavado en la costa norte de Marruecos, es un punto de cruce particularmente vigilado, donde las opciones de regularización son extremadamente limitadas para quienes logran entrar.
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