Se trata de un acuerdo de una magnitud asombrosa. Según se informa, Nvidia está en conversaciones con OpenAI para obtener una garantía de 250 mil millones de dólares que cubriría el arrendamiento de un centro de datos de 10 gigavatios en Piketon, Ohio, a 109 kilómetros al sur de Columbus. Este proyecto está siendo desarrollado por SB Energy, una filial del conglomerado japonés SoftBank, en terrenos arrendados al Departamento de Energía de Estados Unidos, como parte de una colaboración público-privada.
El coste total del proyecto podría superar los 500.000 millones de dólares si se incluyen los chips para la infraestructura. La garantía de 250.000 millones de dólares cubre únicamente el alquiler del centro; los componentes electrónicos, cuyo coste se estima en 350.000 millones de dólares adicionales, son objeto de negociaciones aparte, en las que también se espera la participación de Nvidia. Se prevé que el centro genere hasta 800 megavatios de electricidad para 2028, suficiente para abastecer a 640.000 hogares. La electricidad provendrá de una central eléctrica de gas natural financiada mediante un acuerdo independiente de 33.000 millones de dólares entre Washington y Tokio.
Para OpenAI, hay mucho en juego. La compañía, dirigida por Sam Altman, actualmente alquila sus recursos informáticos a Amazon, Oracle y Microsoft. Ser propietaria de su propia infraestructura supondría un punto de inflexión estratégico. En junio, surgieron informes sobre un posible contrato de arrendamiento de 20 años, en el que OpenAI controlaría tanto su equipo como el pago de las instalaciones.
Sin embargo, el acuerdo ha generado inquietud entre varios analistas, quienes señalan el modelo de financiación circular que opera en el sector. Aleksandar Tomic, vicedecano del Boston College, resume el problema: “OpenAI necesita capacidad de procesamiento, pero claramente carece de los ingresos o los recursos financieros para realizar las inversiones necesarias. Entonces, Nvidia interviene para financiar la compra de sus propios chips. La cuestión de dónde proviene la demanda y de dónde proviene el dinero se vuelve muy seria”.
Las cifras ilustran este mecanismo. En 2025, OpenAI anunció la compra de servicios en la nube por valor de 250 millones de dólares a Microsoft, uno de sus inversores. Ese mismo año, Nvidia se comprometió a invertir 100 millones de dólares en centros de datos de OpenAI utilizando sus chips, antes de añadir otros 30 millones a principios de 2026. Para Tomic, este patrón recuerda a las prácticas de 1999, cuando las empresas se compraban productos entre sí para inflar artificialmente la demanda aparente, lo que contribuyó a alimentar la burbuja de las puntocom. «En algún momento, el dinero se acaba», advierte.
Michael Monaghan, fundador del Founder's ETF, discrepa de esta interpretación. «Es simplemente una economía que funciona», afirma. «Entiendo las críticas, pero creo que carecen de fundamento». También considera que el riesgo regulatorio es limitado, pues opina que existen pocos precedentes históricos para desmantelar infraestructuras de esta envergadura una vez construidas.
Las acciones de Nvidia cayeron un 4,9% el lunes tras el anuncio, lo que Tomic interpreta como una señal de incertidumbre en el mercado. En periodos más largos, las acciones han subido un 4% en lo que va del año, un 11% en los últimos doce meses y un 908% en los últimos cinco años.
La dimensión política complica aún más el panorama. La semana pasada, Nueva York se convirtió en el primer estado de EE. UU. en imponer una moratoria de un año a la construcción de nuevos centros de datos. Una docena de estados más están considerando medidas similares. En Texas, el gobernador republicano Greg Abbott pidió a finales de junio la prohibición de la construcción en zonas rurales, mientras que un candidato demócrata al Senado propone eliminar las exenciones fiscales para el sector y exigir a los operadores que financien ellos mismos la red eléctrica. Una encuesta reciente de Gallup indica que el 71 % de los estadounidenses se opone a la construcción de centros de datos en su región. Ni OpenAI ni Nvidia respondieron a las solicitudes de comentarios.
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