Moscú prevé ahora una inflación de entre el 6 y el 7 por ciento en 2026, frente a la previsión anterior del 4,5 al 5,5 por ciento, mientras que el crecimiento del PIB podría rondar el cero. El aumento de los precios del combustible, agravado por las huelgas ucranianas contra las refinerías, es fundamental para esta evaluación.
El Banco Central de Rusia revisó a la baja sus previsiones económicas en una rueda de prensa celebrada el 25 de julio. La institución ahora proyecta una inflación de entre el 6 y el 7% para 2026, muy por encima del rango del 4,5 al 5,5% que había previsto anteriormente.
La gobernadora Elvira Nabiullina señaló el "fuerte aumento de los precios de los combustibles ya registrado" como el factor principal. Describió la situación como una "perturbación de la oferta", reconociendo que este tipo de perturbación escapa al ámbito de las herramientas habituales de la política monetaria. Las expectativas inflacionarias de los hogares, las empresas y las instituciones financieras han aumentado, lo que, según el Banco Central, podría impedir una desaceleración sostenida de los precios.
Desde mediados de mayo, el aumento de los precios del combustible se ha acelerado. En junio, varias regiones rusas sufrieron escasez tras los ataques ucranianos contra refinerías de petróleo, llevados a cabo en respuesta a la guerra lanzada por el Kremlin. Algunos analistas creen que la inflación real podría superar las proyecciones oficiales para finales de año, sobre todo debido a los ataques ucranianos contra centros logísticos.
La previsión de crecimiento del PIB se ha reducido del 0,5-1,5% al 0-1%. Solo para el cuarto trimestre, la proyección ha caído del 1-2% al 0-1,5% interanual. «Las empresas prevén una desaceleración de la demanda, como muestran los datos en tiempo real», explicó Nabiullina, añadiendo que la reducción temporal de la capacidad productiva ha motivado esta revisión.
El Banco Central estima que la capacidad de producción de combustible se restablecerá gradualmente para finales de año. Sin embargo, los ataques ucranianos continúan: el sábado, drones atacaron una refinería en Tyumen, un centro logístico en Ekaterimburgo y un depósito de combustible en Rostov del Don.
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