Estafa de transferencia bancaria: los tribunales confirman que una víctima puede verse obligada a pagar una factura por segunda vez.
Estafa de transferencia bancaria: los tribunales confirman que una víctima puede verse obligada a pagar una factura por segunda vez.

El Tribunal de Casación ha emitido una sentencia que podría tener consecuencias significativas tanto para empresas como para particulares víctimas de fraude mediante transferencias bancarias. En una sentencia del 17 de junio de 2026, el máximo tribunal dictaminó que un deudor que haya pagado una factura a la cuenta bancaria de un estafador podrá, en determinadas circunstancias, verse obligado a abonar la misma cantidad por segunda vez al acreedor legítimo.

El caso involucró a una empresa encargada de suministrar combustible diésel a un barco durante una escala en Marsella. Tras la entrega, el cliente pagó la factura recibida a través del intermediario. Sin embargo, el documento era fraudulento: un estafador se había hecho pasar por el proveedor utilizando una dirección de correo electrónico casi idéntica a la suya, con una sola letra de diferencia, y sustituyendo los datos bancarios reales por un IBAN perteneciente a una empresa irlandesa.

El usurpador no es un "acreedor aparente".

En apelación, los jueces sostuvieron que el cliente pudo haber creído de buena fe que estaba pagando a su proveedor real. Se basaron en el artículo 1342-3 del Código Civil, que estipula que un pago realizado a un "acreedor aparente" puede considerarse válido cuando el deudor actúa de buena fe.

Sin embargo, el Tribunal de Casación adoptó una interpretación más estricta. Según el Tribunal, quien suplanta fraudulentamente la identidad de un acreedor no puede considerarse, bajo ninguna circunstancia, un "acreedor aparente". Por lo tanto, el pago realizado al estafador no exime al deudor de su obligación con el verdadero acreedor, quien conserva el derecho a exigir el pago de la factura. El caso ha sido remitido a otro tribunal de apelación, que deberá volver a examinarlo teniendo en cuenta esta interpretación.

Esta decisión subraya la importancia de verificar cuidadosamente los datos bancarios en las facturas, especialmente cuando se comunica un cambio de IBAN por correo electrónico. Las estafas con datos bancarios fraudulentos (RIB) han ido en aumento durante varios años y ahora pueden tener consecuencias particularmente graves: además de la pérdida económica resultante del fraude, la víctima puede verse legalmente obligada a pagar la misma deuda por segunda vez al proveedor legítimo.

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