En el aeropuerto de Roissy, se encontraron 1,2 kg de cocaína escondidos en unas zapatillas: un colombiano fue condenado a un año de prisión.
En el aeropuerto de Roissy, se encontraron 1,2 kg de cocaína escondidos en unas zapatillas: un colombiano fue condenado a un año de prisión.

Al llegar, todo parece normal. Un pasajero, una cinta transportadora de equipaje, un control de seguridad que llega en el momento menos oportuno. En el aeropuerto de Roissy-Charles-de-Gaulle, agentes de aduanas detuvieron a un ciudadano colombiano que transportaba 1,2 kg de cocaína oculta en sus zapatillas, según la fiscalía de Bobigny.

El lunes, el fiscal de Bobigny, Éric Mathais, relató el caso en un mensaje publicado en X, acompañado de una foto que mostraba parte de las dos zapatillas. El magistrado incluyó una advertencia contundente: «¡No se arriesguen!», para recordar a todos que la respuesta legal es inmediata cuando se trata de importar estupefacientes a través del aeropuerto.

El viajero, procedente de Punta Cana, República Dominicana, explicó a los agentes de aduanas que era su primer viaje turístico a Francia y que las zapatillas se las había regalado un amigo. Una historia breve, casi demasiado conveniente, comparada con un escondite que distaba mucho de ser improvisado: ocultar objetos en zapatos o zapatillas es un método habitual en vuelos internacionales, en este sector donde el ingenio a veces se esconde en los objetos más comunes.

Las "mulas" cambian de escondite, Roissy sigue bajo presión.

El 29 de abril, tras su detención, el hombre fue juzgado en un procedimiento sumario en Bobigny y condenado a un año de prisión, ingresando inmediatamente encarcelado, según informó la fiscalía. La sentencia también incluye la prohibición de entrada a Francia durante diez años, una pena habitual en este tipo de casos cuando un ciudadano extranjero es declarado culpable de importación de drogas.

Este caso, con sus 1,2 kg, ilustra una realidad persistente: el transporte aéreo sigue siendo una vía de entrada activa, donde los traficantes se valen de la discreción, las rutas indirectas, el equipaje aparentemente inofensivo y el contrabando oculto. Para los servicios de inteligencia, los aeropuertos de Roissy y Orly siguen siendo puntos críticos, bajo estricta vigilancia, porque las redes saben que el flujo de pasajeros puede servir de tapadera, aunque los controles de seguridad a menudo acaban pillando a los menos afortunados o a los más fáciles de identificar.

El contexto hace que este episodio sea menos anecdótico de lo que parece. El año pasado, las incautaciones de cocaína en Francia aumentaron un 58%, pasando de 53 a 84 toneladas descubiertas por la policía, la gendarmería y los agentes de aduanas, según cifras citadas por la fiscalía. El kilo escondido en unas zapatillas no es un cargamento industrial, pero cuenta la misma historia: la de una red de narcotráfico que se expande, se profesionaliza y pone a prueba constantemente los límites de las fuerzas del orden, mientras que el sistema judicial acelera su ritmo.

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