Durante más de diez años, Shady Salama Al-Rayyes, empleado bancario en Gaza, había estado pagando una hipoteca de 93.000 dólares por su apartamento en un moderno edificio de una de las zonas más cotizadas de la ciudad. Ahora, se encuentra sin hogar, obligado a huir con su familia después de que un ataque aéreo israelí destruyera la Torre Mushtaha, de 15 pisos, el 5 de septiembre.
Este ataque marcó el inicio de una campaña de demoliciones selectivas contra edificios de gran altura en la ciudad de Gaza, lanzada antes de la ofensiva terrestre israelí hacia el centro de la ciudad. Según las autoridades locales, decenas de edificios residenciales han sido arrasados en las últimas semanas, dejando a miles de familias sin hogar y sin sus ahorros.
La Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH) ha expresado su preocupación por lo que denomina el riesgo de «limpieza étnica» y el desplazamiento permanente de la población palestina. El ejército israelí, por su parte, rechaza estas acusaciones y sostiene que sus ataques se dirigen exclusivamente contra infraestructura de Hamás, a la que acusa de utilizar edificios residenciales para almacenar armas o albergar túneles.
Sin embargo, recientes imágenes satelitales muestran vastas zonas de destrucción en los suburbios de Gaza, lo que refuerza las sospechas de una estrategia destinada a volver la ciudad inhabitable. Para muchos residentes, los ataques significan no solo la pérdida de sus hogares, sino también la desaparición de cualquier posibilidad de regresar.
Estas destrucciones masivas, perpetradas en un territorio ya marcado por casi dos años de guerra, exacerban la crisis humanitaria en Gaza, donde la mayoría de la población ha sido desplazada varias veces y donde las necesidades de refugio, alimentos y atención superan con creces las capacidades locales e internacionales.