Tras un devastador ataque aéreo ruso, muchos ucranianos ya temen el próximo bombardeo y viven en constante tensión. En Kiev y sus alrededores, los residentes, privados de sueño, buscan refugio de los crecientes ataques con misiles y drones.
Diana Bobrovska, residente de la capital ucraniana, pasó su segunda noche consecutiva en un refugio con su hijo de dos años, aterrorizada ante la posibilidad de otro ataque a su barrio. «Dos noches sin dormir, es muy difícil», dijo, de pie cerca de los escombros de un edificio destruido por los ataques aéreos rusos el lunes. «Sin mencionar el estrés... Francamente, es terrible», añadió.
En Vyshneve, cerca de Kiev, los residentes también intentan retomar su vida cotidiana tras la destrucción causada por los misiles y drones rusos. Allí, varias personas explicaron que viven con el temor constante de otra ofensiva aérea, ya que los ataques contra infraestructuras y zonas urbanas se han intensificado.
Según funcionarios ucranianos, Rusia ha incrementado el número de lanzamientos de misiles balísticos en las últimas semanas, lo que ha puesto a prueba aún más los sistemas de defensa aérea del país. Ucrania se enfrenta a una grave escasez de interceptores de fabricación estadounidense, esenciales para contrarrestar los ataques rusos.
Se espera que la situación sea el tema central de las discusiones en la cumbre de la OTAN en Ankara, donde el presidente ucraniano Volodymyr Zelensky Kiev debe solicitar mayor apoyo de sus aliados. En particular, busca obtener mayores capacidades de defensa aérea para proteger a su población e infraestructura.
Sobre el terreno, los residentes siguen viviendo al ritmo de las alertas antiaéreas y los bombardeos, sin saber cuándo Rusia lanzará su próximo ataque. Para muchos, cada noche representa una nueva prueba en una guerra que se ha prolongado durante más de cuatro años.
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