El 25 de mayo de 1846, Luis Napoleón Bonaparte, sobrino de Napoleón I y futuro Napoleón III, escapó del Fuerte de Ham, en la región del Somme, tras casi seis años de prisión. Condenado a cadena perpetua por intentar un golpe de Estado contra la monarquía de Luis Felipe, logró abandonar la fortaleza disfrazado de obrero, cargando una tabla de madera al hombro y pasando sin ser detectado por los controles militares. Esta espectacular fuga, meticulosamente planeada, se convirtió rápidamente en un episodio célebre de la historia política francesa y en un punto de inflexión en el destino del hombre que, pocos años después, sería Presidente de la República y luego Emperador de los Franceses.
Un prisionero político en el corazón del Somme
El 5 de agosto de 1840, Luis Napoleón Bonaparte intentó un golpe de Estado en Boulogne-sur-Mer con unas pocas docenas de hombres, con la esperanza de movilizar al ejército y derrocar a Luis Felipe. La operación fracasó de inmediato y el príncipe fue arrestado. Juzgado por la Cámara de los Pares, fue condenado a cadena perpetua y trasladado al Fuerte de Ham, una imponente fortaleza del siglo XV convertida en prisión política.
En este cautiverio relativamente cómodo para un prisionero de su rango, disponía de una habitación, una biblioteca y cierta libertad de movimiento dentro de las murallas del fuerte. Recibía visitas, mantenía relaciones intelectuales y políticas, y aprovechó estos años para escribir y reflexionar sobre su proyecto político. Pero con el paso del tiempo, el confinamiento se volvió opresivo y la idea de escapar fue cobrando fuerza gradualmente.
Una escapada inspirada y meticulosamente planificada.
Luis Napoleón Bonaparte estudió varias fugas famosas antes de actuar, especialmente aquellas logradas mediante disfraces y ayuda interna. El Fuerte de Ham, en construcción en la primavera de 1846, le ofreció una oportunidad decisiva: los trabajadores se movían libremente dentro de las fortificaciones y los controles de seguridad eran menos estrictos.
El 25 de mayo de 1846, puso en marcha su plan. Bien afeitado, vestido con una bata de trabajo y cargando una tabla al hombro para simular el traslado de maquinaria, descendió tranquilamente de su habitación y cruzó el patio interior. Acompañado por cómplices estratégicamente ubicados, pasó por los distintos puestos de guardia sin levantar sospechas. Fuera del fuerte, un carruaje lo esperaba para llevarlo a Saint-Quentin y, posteriormente, a Bélgica.
La alerta se dio demasiado tarde: cuando las autoridades se dieron cuenta de que el prisionero había escapado, ya había abandonado territorio francés.
Del exilio al imperio
Tras su fuga, Luis Napoleón Bonaparte se dirigió a Bélgica y posteriormente se estableció en Londres. Lejos de verse desacreditado por sus intentos de golpe de Estado y su huida, fue forjando gradualmente una nueva imagen política, impulsada por sus escritos y su declarado interés por las cuestiones sociales. La revolución de 1848 le abrió entonces las puertas a su regreso a Francia.
Elegido presidente de la República en diciembre de 1848 con una amplia mayoría, aprovechó su posición para consolidar su poder. El 2 de diciembre de 1851, dio un golpe de Estado y, un año después, restauró el Imperio bajo el nombre de Napoleón III. Su fuga del Fuerte de Ham, durante mucho tiempo objeto de burla, se convirtió en leyenda como uno de los episodios clave de su ascenso al poder.
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