En el golfo de Trieste, las rayas gigantes amenazan los criaderos de mejillones.
En el golfo de Trieste, las rayas gigantes amenazan los criaderos de mejillones.

Durante los últimos tres años, grupos de rayas águila, entre las más grandes del Mediterráneo, se han estado congregando en el Golfo de Trieste, perjudicando las plantaciones de mejillones. Este fenómeno sin precedentes en el Mediterráneo ha movilizado a investigadores y acuicultores para desarrollar soluciones experimentales.

Bancos de hasta cincuenta ejemplares: esto es lo que los científicos observan regularmente en el Golfo de Trieste. Las Vaccarella, peces cartilaginosos de la familia Miliobatidae que pueden alcanzar los dos metros de envergadura, frecuentan estas aguas costeras con creciente intensidad desde hace tres años. Ningún otro lugar del Mediterráneo ha documentado un fenómeno de esta magnitud.

“Este es el primer año que observamos una cantidad tan elevada de individuos agrupados en cardúmenes de hasta 50 personas”, afirma Saul Ciriaco, responsable de las actividades de seguimiento de WWF en el Área Marina Protegida de Miramare y vicepresidente de la cooperativa Shoreline. La zona en cuestión se extiende a lo largo de unos 20 kilómetros de costa, desde Grignano hasta las afueras de Monfalcone.

Dos factores combinados explican este establecimiento a largo plazo. Las regulaciones pesqueras europeas más estrictas han reducido las capturas accidentales de Vaccarella, mejorando así su éxito reproductivo. El calentamiento de las aguas también desempeña un papel decisivo: la Vaccarella tolera temperaturas entre 11 y 28 grados Celsius, y la temperatura invernal en el Golfo ya no desciende por debajo de los 10 grados. «Si bien el Golfo de Trieste era antes solo un punto de tránsito, ahora se ha convertido en un lugar propicio para su presencia permanente», resume Ciriaco.

No obstante, la especie está clasificada como en peligro crítico de extinción en el Mediterráneo. Goza de la protección del Convenio de Barcelona, ​​el Convenio de Bonn de la ONU sobre Especies Migratorias y figura en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. Se han reportado avistamientos similares en Grecia, Turquía y Olbia, pero sin la documentación sistemática realizada en Trieste.

El problema radica en que estos animales, conocidos como "moluscos de concha dura" porque se alimentan naturalmente de moluscos y crustáceos de concha dura, han descubierto una fuente de alimento ideal en las granjas de mejillones. "Los animales tienen más tiempo para darse cuenta de que es más sencillo y eficiente comer los mejillones directamente de las cuerdas", explica Ciriaco. Simona Clò, bióloga marina y directora científica de la asociación MedSharks, especifica que estos animales son "oportunistas": "La presencia de granjas de fácil acceso representa una situación ideal para ellos". Los cultivadores de mejillones están sufriendo pérdidas económicas difíciles de cuantificar, ya que otros factores como el calentamiento de las aguas y las tortugas marinas también están afectando a sus granjas.

"Nunca antes habíamos observado este tipo de interacción entre las vaccarelas y las actividades humanas", subraya Clò, quien insiste en la necesidad de encontrar tecnologías no invasivas que protejan tanto a los agricultores como a las especies protegidas.

Este es el objetivo del proyecto europeo Life Prometheus, liderado por Shoreline en colaboración con el Área Marina Protegida de Miramare, la Universidad de Padua y la Universidad Politécnica de Marche. Se han instalado dispositivos disuasorios electromagnéticos en las líneas: pequeños imanes diseñados para perturbar a los animales sin dañarlos. «Está por ver si el sistema funcionará realmente», advierte Ciriaco, quien subraya que el coste y la mano de obra necesarios para su despliegue a gran escala representan un esfuerzo considerable, cuya eficacia aún debe evaluarse.

Mientras tanto, el proyecto Life EU Sharks financia drones para la fotoidentificación de ejemplares, ya que cada tiburón se reconoce por las características líneas de su lomo. «Tenemos la capacidad de identificar a los animales individualmente gracias a las distintivas marcas de las líneas en sus lomos», explica Clò. El grupo más grande registrado hasta la fecha contaba con alrededor de cincuenta individuos, pero la cifra real podría ser mayor.

Próximamente se establecerá una mesa de consulta entre la región de Friuli-Venecia Julia y la autoridad portuaria. Se están considerando zonas designadas para la práctica de esnórquel y la fotografía submarina con estas raras rayas como una forma de compensar económicamente a los piscicultores, al tiempo que se pone de relieve la presencia de estos animales cerca de la costa.

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