Cuando Periscope se lanzó en marzo de 2015, la aplicación parecía representar el futuro de las redes sociales. Su premisa era sencilla: permitir que cualquier usuario transmitiera en directo lo que veía en su teléfono, mientras los espectadores comentaban el vídeo y enviaban corazones. Al parecer, la idea surgió tras el viaje de Kayvon Beykpour a Estambul durante las protestas de 2013. Si bien podía informarse sobre lo que ocurría en las calles a través de Twitter, no encontraba una forma sencilla de observar los acontecimientos en tiempo real. Junto con Joe Bernstein, imaginó un servicio que transformaría cada smartphone en una cámara de televisión.
Twitter comprendió rápidamente el potencial del proyecto y adquirió Periscope incluso antes de su lanzamiento público. Si bien nunca se ha revelado oficialmente el monto exacto de la transacción, Twitter pagó 86,6 millones de dólares para adquirir Periscope y la empresa Niche. Diversas estimaciones sitúan el valor de Periscope entre 50 y 75 millones de dólares. La red social buscaba superar a Meerkat, una aplicación competidora que se había convertido en una sensación en el festival South by Southwest. Periscope finalmente se lanzó para iPhone el 26 de marzo de 2015 y, dos meses después, para Android.
Crecimiento espectacular, pero difícil de medir.
Las cifras iniciales sugieren un éxito meteórico. Periscope superó el millón de usuarios en tan solo diez días y alcanzó los 10 millones de cuentas registradas en cuatro meses. En agosto de 2015, la aplicación contaba con casi 1,9 millones de usuarios activos diarios y más de 350 000 horas de vídeo vistas cada día, el equivalente a cuarenta años de visualización. En su primer aniversario, en marzo de 2016, anunció haber realizado más de 200 millones de transmisiones. En ese momento, los usuarios veían diariamente el equivalente a 110 años de vídeo en directo en aplicaciones móviles.
Estas impresionantes cifras, sin embargo, ocultan una debilidad fundamental. Periscope se centra principalmente en el número de cuentas creadas, las transmisiones en directo realizadas y el total de horas vistas, pero mucho menos en la fidelidad real de su audiencia. De los 10 millones de usuarios registrados anunciados en agosto de 2015, menos de dos millones utilizaban el servicio a diario. Si bien existen numerosas transmisiones, muchas atraen a muy pocos espectadores y desaparecen rápidamente. Las transmisiones en directo captan la atención durante eventos excepcionales, manifestaciones, atentados terroristas o competiciones deportivas, pero les cuesta convertirse en un hábito diario para la mayoría de los usuarios.
Competencia imposible de contener
El principal problema de Periscope radica en la rapidez con la que sus innovaciones son adoptadas por plataformas mucho más poderosas. Facebook está popularizando Facebook Live, Instagram está integrando el vídeo en directo, YouTube facilita las retransmisiones desde móviles y Twitch consolida su dominio entre jugadores y creadores. Estos competidores ya cuentan con cientos de millones, incluso miles de millones, de usuarios. No necesitan convencer al público para que descargue una aplicación adicional: la retransmisión en directo es directamente accesible desde una red social de uso cotidiano.
Periscope también enfrenta importantes desafíos de moderación. Los usuarios retransmiten ilegalmente eventos deportivos, canales de televisión de pago y actuaciones con derechos de autor. El combate de boxeo de 2015 entre Floyd Mayweather y Manny Pacquiao, que se vendió a casi 100 dólares por visualización en Estados Unidos, fue retransmitido masivamente por espectadores en sus teléfonos. La aplicación también tiene problemas con contenido pornográfico, violento, suicida y delictivo transmitido en directo. A diferencia de un vídeo grabado, una transmisión en directo no siempre se puede revisar antes de su emisión, lo que hace que las intervenciones sean más complejas y costosas.
Una integración con Twitter que condena la aplicación
En última instancia, Twitter debilitó a Periscope al integrar gradualmente sus funciones en su aplicación principal. A partir de 2016, los usuarios podían iniciar transmisiones de video en vivo desde Twitter utilizando la tecnología de Periscope. Esta decisión tenía sentido para ampliar la audiencia de las transmisiones en vivo, pero poco a poco dejó obsoleta la aplicación independiente. ¿Para qué lanzar Periscope si la misma funcionalidad estaba disponible en Twitter, con seguidores, noticias y notificaciones? El producto se convirtió en un proveedor de tecnología interno en lugar de una red social independiente.
La monetización tampoco ha logrado salvar el servicio. Periscope está experimentando con los "Super Corazones", corazones virtuales que los espectadores compran y que se convierten en ingresos para algunos creadores. Pero este sistema llegó tarde y nunca logró crear una economía comparable a la de YouTube o Twitch. La aplicación también tiene dificultades para ofrecer un reparto sostenible de los ingresos publicitarios. Sin un modelo de negocio sólido, con una audiencia en declive y gastos crecientes en alojamiento, mantenimiento y moderación de videos, Periscope se está convirtiendo en una carga para Twitter.
Más de 100 millones de descargas antes de su cierre.
En diciembre de 2020, Twitter anunció que Periscope sería retirada de las tiendas de aplicaciones en marzo de 2021. La compañía reconoció que su uso había estado disminuyendo durante varios años y que su funcionamiento se había vuelto financieramente insostenible. Según Sensor Tower, Periscope había acumulado, no obstante, aproximadamente 101 millones de descargas en todo el mundo. En 2020, la aplicación aún registró 6,8 millones de instalaciones, en comparación con los 7,3 millones del año anterior, lo que representa una disminución del 7 %. Las nuevas cuentas fueron bloqueadas de inmediato y se solicitó a los usuarios que descargaran sus archivos. El cierre definitivo tuvo lugar el 31 de marzo de 2021.
Por lo tanto, el fracaso de Periscope no radica en su concepto original, que desde entonces ha sido ampliamente adoptado, sino en su incapacidad para transformar una innovación en una plataforma sostenible. La aplicación popularizó la transmisión en vivo vertical, los comentarios instantáneos y la interacción entre emisores y espectadores. Sin embargo, nunca logró una identidad económica lo suficientemente sólida como para competir con los gigantes digitales. Sus funciones principales sobrevivieron en Twitter Live, que posteriormente se integró en X. Así, Periscope ganó la batalla del uso, dado que el video en vivo es ahora omnipresente, pero perdió la batalla del reconocimiento de marca, el alcance de audiencia y la rentabilidad.
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