El Departamento de Estado de Estados Unidos aprobó el miércoles una venta de armas a Arabia Saudí por un valor estimado de 1,96 millones de dólares, destinada a reforzar sus defensas aéreas en medio de las crecientes tensiones en la región.
La decisión se produce en un momento en que la guerra librada por Estados Unidos e Israel contra Irán se intensifica y el alto el fuego entre Washington y Teherán parece haberse derrumbado, con Estados Unidos imponiendo además un bloqueo naval. El Departamento de Estado justifica la venta por la necesidad de respaldar "los objetivos de política exterior y seguridad nacional de Estados Unidos mediante el fortalecimiento de la seguridad de un importante aliado no perteneciente a la OTAN, que es un factor de estabilidad política y progreso económico en la región del Golfo".
El contrato principal se adjudicará al grupo británico BAE Systems. Entre el equipamiento solicitado por el Reino Unido se incluye un pedido de hasta 20 000 sistemas avanzados de armas de precisión (Advanced Precision Kill Weapon Systems), junto con sus ojivas. La Armada estadounidense describe este sistema como «una forma económica de destruir objetivos minimizando los daños colaterales en combates cuerpo a cuerpo».
Washington afirma que esta venta "mejorará la capacidad de Arabia Saudí para disuadir las amenazas actuales y futuras, al fortalecer su defensa nacional y mejorar la interoperabilidad con las fuerzas estadounidenses, así como con otras fuerzas regionales y de la OTAN".
Esta transacción se produce cuando Riad parece estar al borde de reanudar las hostilidades con los hutíes, respaldados por Irán, en Yemen. El lunes, los hutíes lanzaron misiles contra el aeropuerto de Abha, ciudad del sur de Arabia Saudí. Este ataque se produjo tras los bombardeos aéreos que alcanzaron el aeropuerto de Saná, desviando un vuelo que transportaba a una delegación hutí que regresaba del funeral del líder supremo de Irán. Los hutíes han culpado a Riad de estos ataques.
El líder hutí Abdul-Malik al-Houthi advirtió el jueves que todas las instalaciones petroleras saudíes y demás infraestructura vital se convertirían en objetivos de los misiles y drones de su movimiento si Riad emprendía lo que él denominó una "agresión integral" contra Yemen.
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