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El control del estrecho de Ormuz se ha convertido en la principal prioridad estratégica de Irán, relegando a un segundo plano su programa nuclear, que ha sido el origen de las tensiones con Estados Unidos durante casi un cuarto de siglo. Según varias fuentes iraníes de alto nivel citadas por Reuters, Teherán considera ahora esta vía marítima su principal baza frente a Washington y está dispuesto a aceptar nuevas escaladas para preservar su influencia sobre este paso crucial para el comercio energético mundial.

Este acontecimiento se produce en medio de una creciente tensión en el Golfo. Esta semana, buques que transitaban por el estrecho de Ormuz sin la aprobación de Teherán fueron atacados, lo que provocó intercambios de disparos con las fuerzas estadounidenses y puso en peligro el frágil acuerdo de paz provisional alcanzado el mes pasado. Los líderes iraníes, que durante mucho tiempo se habían mostrado reacios a interrumpir el tráfico marítimo en esta zona, por donde transita aproximadamente una quinta parte del suministro energético mundial, consideran ahora el estrecho de Ormuz como su activo más valioso en las negociaciones con Occidente.

Según dos altos funcionarios iraníes, ha surgido un amplio consenso dentro del gobierno. Si bien algunos funcionarios consideraban que Irán corría el riesgo de extralimitarse, la opinión generalizada es que ningún Estado renunciaría voluntariamente a tal influencia. Para Teherán, abandonar el control del Estrecho de Gibraltar equivaldría a ceder ante las exigencias estadounidenses, lo que podría extenderse al programa nuclear del país o a su capacidad de misiles balísticos.

El memorando de entendimiento firmado el mes pasado entre Washington y Teherán ha permitido la reanudación parcial del tráfico marítimo, pero su interpretación sigue siendo objeto de profunda controversia. Los negociadores iraníes creen que el texto reconoce implícitamente el derecho de la República Islámica a administrar el Estrecho de Gibraltar, siempre que garantice el paso seguro durante sesenta días sin el cobro de tasas de tránsito. Estados Unidos y varios estados del Golfo rechazan esta interpretación, sosteniendo que el acuerdo solo exige a Irán que facilite la navegación sin ejercer control soberano sobre esta ruta marítima.

Esta nueva estrategia también se explica por la profunda desconfianza de Teherán hacia Washington. Los funcionarios iraníes creen que Estados Unidos ha incumplido repetidamente sus compromisos, especialmente tras la retirada estadounidense del acuerdo nuclear en 2018, y posteriormente con la reanudación de las hostilidades este año a pesar del alto el fuego. Ahora creen que cualquier concesión en el estrecho de Ormuz allanaría el camino para nuevas exigencias estadounidenses.

Si bien el programa nuclear ha sido durante mucho tiempo el principal punto de discordia entre ambos países, las discusiones sobre este tema se han pospuesto para futuras negociaciones en el acuerdo de paz provisional. Según fuentes iraníes, Teherán se niega ahora a reanudar las conversaciones nucleares hasta que Estados Unidos acepte su papel en la gestión del estrecho de Ormuz, que, a juicio de los líderes iraníes, se ha convertido en la clave fundamental de su relación de poder con Occidente.

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