En el sur del Líbano, los residentes están regresando a las aldeas devastadas por los ataques israelíes.
En el sur del Líbano, los residentes están regresando a las aldeas devastadas por los ataques israelíes.

En la aldea de Qlaileh, en el sur del Líbano, los residentes se encuentran con un paisaje de ruinas tras los recientes enfrentamientos entre Israel y Hezbolá. Si bien se ha declarado un alto el fuego, muchas familias regresan a sus barrios destruidos para constatar la magnitud de los daños causados ​​por los bombardeos.

Entre ellos se encuentra Abed Hachem, un padre de tres hijos de 46 años. Su casa ya había sufrido daños durante el conflicto de 2024 entre Israel y Hezbolá. Tras meses de esfuerzos por reconstruirla, afirma haberlo perdido todo de nuevo en los últimos ataques israelíes que azotaron su aldea.

Donde antes se alzaba su casa, solo quedan escombros. Su jardín ha desaparecido bajo una capa de polvo, mientras que juguetes, muebles y pertenencias personales de los niños se encuentran esparcidos entre los restos. «¡Dios mío!... Aquí solía haber un edificio», dijo, señalando las estructuras destruidas que antes albergaban a sus vecinos.

En Qlaileh, el campanario de la mezquita local es una de las pocas estructuras que aún se mantienen en pie. Según los residentes, gran parte del pueblo quedó destruido o gravemente dañado durante los recientes combates.

Esta última escalada comenzó el 2 de marzo, cuando Hezbolá lanzó ataques contra Israel en apoyo de su aliado iraní, según Reuters. Israel respondió con una campaña aérea y una ofensiva terrestre que le permitió tomar el control de partes del sur del Líbano.

Las autoridades israelíes afirman que sus operaciones tenían como objetivo posiciones e infraestructura de Hezbolá. Sin embargo, sobre el terreno, las consecuencias son visibles en varias localidades donde los residentes se enfrentan ahora a la destrucción de sus hogares y medios de subsistencia.

Aunque los combates parecen haber cesado, la reconstrucción se presenta como una tarea inmensa. Para muchos habitantes del sur del Líbano, el regreso a la normalidad aún parece lejano, en una región marcada por años de tensión y destrucción que se repiten con cada nuevo brote de violencia.

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