Andy Burnham eligió Dover como escenario para reiterar su compromiso de luchar "sin descanso" contra los cruces en pequeñas embarcaciones. La visita se produce pocos días después de que estallara una grave crisis migratoria en Ceuta, territorio español del norte de África, donde aproximadamente 50.000 personas cruzaron la frontera en el transcurso de una semana.
El primer ministro británico indicó que había recibido garantías de su homólogo español, Pedro Sánchez, de que casi el 98% de los migrantes que entraron en Ceuta habían sido devueltos a Marruecos. Destacó esta cifra para subrayar la magnitud del fenómeno y la necesidad de una respuesta coordinada.
Burnham también abogó por la apertura de "vías seguras" para los refugiados, que presentó como una herramienta esencial para desmantelar las redes de tráfico de personas. Sin estas alternativas legales, argumentó, los traficantes seguirán explotando la vulnerabilidad de quienes huyen. El Reino Unido debe, afirmó, "retomar el control" de la situación.
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