Desde el primer minuto, el impacto es total. Con Afanador, presentada en el Théâtre du Châtelet, el Ballet Nacional de España ofrece una actuación de singular intensidad, que trasciende con creces los límites del flamenco tradicional. Inspirada en las fotografías de Ruvén Afanador, la creación de Marcos Morau no se limita a rendir homenaje a este mundo: lo transforma, lo moderniza y lo transporta a una dimensión casi surrealista. El resultado es sencillamente impresionante, tanto visual como musical y coreográficamente.
Entre la tradición andaluza y la estética contemporánea
Toda la imaginería del folclore andaluz está presente: chales, abanicos, castañuelas, vestidos largos con cola… pero estos elementos se reinventan por completo. El espectáculo abraza plenamente una estética contemporánea, casi queer. Los géneros se difuminan, los trajes circulan entre hombres y mujeres. Esta libertad le confiere al espectáculo una dimensión profundamente contemporánea, sin traicionar jamás sus raíces.
El coreógrafo Marcos Morau, inspirado en las obras Ángel gitano y Mil besos del fotógrafo Ruvén Afanador, concibe un diálogo entre danza e imagen, buscando capturar «el deseo carnal de capturar la vida», como él mismo explica. En escena, esto se traduce en impactantes cuadros en blanco y negro de increíble fuerza visual, donde cada gesto parece esculpido por la luz. La performance incluso comienza como una sesión fotográfica que cobra vida, animando cuerpos congelados que de repente se llenan de vitalidad.
Una extraordinaria precisión colectiva y presencia escénica.
Pero lo más impresionante es, sin duda, la maestría de los bailarines. La coreografía del conjunto alcanza un nivel de precisión casi irreal: cada movimiento está sincronizado al milímetro, cada gesto parece responder a otro con una exactitud increíble. Las líneas se forman, se rompen y se recomponen con una fluidez espectacular, creando imágenes colectivas de una belleza sobrecogedora.
La compañía, dirigida por Rubén Olmo, trata al elenco como una entidad viva, que oscila entre la perfecta unidad y las tensiones internas. Este rigor nunca frena la emoción; al contrario, amplifica el impacto de cada escena. La atmósfera, meticulosamente creada, combina una iluminación nítida, música híbrida y una energía vibrante, sumergiendo al espectador en una experiencia sensorial completa.
Afanador se erige como un espectáculo integral, donde todo —danza, música, escenografía— converge hacia una única ambición: reinventar el flamenco sin anquilosarlo en el tiempo. Una proeza visual y artística, tan exigente como cautivadora.
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