Encontrar trabajo nunca ha sido fácil, pero para los jóvenes de 18 a 24 años, el obstáculo se está volviendo estructural. Esta es la cruda conclusión a la que llegó el Defensor de los Derechos en un estudio realizado en colaboración con el Observatorio Internacional del Trabajo. Ocho años después de la encuesta inicial, la discriminación está en aumento y afecta de forma desproporcionada a jóvenes, mujeres y personas percibidas como negras, árabes o magrebíes. Claire Hédon considera esta tendencia alarmante, considerándola una grave amenaza para la cohesión social.
Edad, origen y género: sesgos aún poderosos
El estudio revela un panorama laboral donde la desconfianza y los prejuicios están en aumento. El 14 % de los encuestados declaró haber sufrido discriminación al buscar empleo. La edad fue, con diferencia, el motivo más citado, lo que demuestra que la juventud todavía se asocia con demasiada frecuencia a la inexperiencia o la inmadurez. Sin embargo, la etnia desempeña un papel igualmente importante: las personas percibidas como negras, árabes o norteafricanas tienen casi tres veces más probabilidades de sufrir discriminación que las percibidas como blancas. Este fenómeno se ha agravado desde 2016, lo que indica que las políticas públicas están teniendo dificultades para revertir esta tendencia.
Más allá del acceso al empleo, el propio ascenso profesional sigue plagado de obstáculos, especialmente para las mujeres. El infame techo de cristal persiste: salarios que aumentan más lentamente, ascensos menos frecuentes y puestos de responsabilidad menos accesibles. La situación es aún más grave para las mujeres con mayor nivel educativo, lo que demuestra que las cualificaciones por sí solas no bastan para eliminar los prejuicios de género. Una de cada cinco personas declara haber sufrido discriminación en su carrera profesional, siendo el género la principal razón.
A pesar de estos hallazgos, el número de apelaciones sigue siendo sorprendentemente bajo. Muchos temen represalias, desconocen las vías legales disponibles o se dan por vencidos por cansancio. Para la Defensora de los Derechos, la situación es urgente: una sociedad que permite que sus jóvenes y mujeres se enfrenten a injusticias persistentes pone en peligro su futuro a largo plazo.