La capital italiana da un paso más en la gestión de sus monumentos emblemáticos. A partir de este lunes, se cobrará una tarifa de entrada a las inmediaciones de la Fontana di Trevi, una medida adoptada para gestionar el flujo de visitantes, que se había vuelto difícil de controlar. Durante el último año, el acceso al monumento ya ha estado sujeto a restricciones de movimiento y aforo.
Una entrada de dos euros para acercarse al monumento.
Los turistas ahora deben pagar una entrada de dos euros para acceder a la zona más cercana a la fuente. El Ayuntamiento de Roma estima que esta medida podría generar aproximadamente 6,5 millones de euros en ingresos anuales. Los residentes de la capital italiana siguen exentos de pago.
El sitio seguirá siendo accesible remotamente de forma gratuita, pero la zona más cercana a la piscina está ahora reservada para los que tengan entrada. Esta medida fue anunciada en diciembre por el alcalde de Roma, Roberto Gualtieri, quien explicó que este nuevo sistema formaba parte de una reforma más amplia que afecta a varios espacios culturales de la ciudad.
Otros sitios afectados por los precios
El ayuntamiento ha previsto introducir entradas para un total de seis lugares. Además de la Fontana di Trevi, el programa incluye otros cinco: la Villa de Majencio, el Museo Napoleónico de Roma, el Museo de Escultura Antigua Giovanni Barracco, el Museo Carlo Bilotti y el Museo Pietro Canonica. La entrada a estos espacios culturales tiene un precio de cinco euros.
Un símbolo del cine barroco e italiano
Ubicada frente a la fachada de un palacio, la Fontana de Trevi es una de las mayores obras maestras del arte barroco romano. Su fama internacional también se debe en gran medida al cine, en particular a la ya icónica escena de "La Dolce Vita" de Federico Fellini, en la que Anita Ekberg invita a Marcello Mastroianni a sumergirse en el agua.
Una tradición popular que aún se mantiene
Entre los rituales asociados al monumento, lanzar una moneda al cuenco sigue siendo imprescindible para los visitantes que desean pedir un deseo. Esta práctica genera importantes sumas semanales, recaudadas por las autoridades y donadas a Cáritas. A pesar de la introducción de una tarifa de entrada, esta tradición, profundamente arraigada en el imaginario turístico de la Ciudad Eterna, persiste.