A partir de septiembre, el Ministerio de Educación Nacional está trabajando para establecer una jornada mensual de "desintoxicación digital" para estudiantes de secundaria y bachillerato. El anuncio lo hizo Édouard Geffray en la radio France Inter, en medio de la creciente preocupación por la omnipresencia de las pantallas entre los adolescentes, la consiguiente disminución de la capacidad de atención en clase, la acumulación de fatiga, sin mencionar a los usuarios de redes sociales que pasan horas navegando hasta altas horas de la noche.
En esta etapa, la idea aún está en desarrollo: deben comenzar las consultas para decidir las modalidades, si la medida se dirigiría a las escuelas secundarias, a los institutos o a ambos, y cómo sería realmente este día "ligeramente diferente" en los centros que ya están bajo presión.
La escuela quiere marcar el ritmo, sin asumir el papel de policía.
La clave sigue siendo la misma: inculcar un hábito sin convertirlo en una obligación. Édouard Geffray insiste en que no quiere "gobernar la vida de las personas" y nos recuerda que "la imposición es inútil", recurriendo a "interacciones cotidianas" que puedan extenderse más allá del ámbito escolar y llegar al hogar, donde se forman los reflejos diarios.
Detrás de escena, esta propuesta forma parte de una secuencia más amplia: Emmanuel Macron Él también elogió la desconexión digital y la lectura, mientras que el poder ejecutivo impulsa la posibilidad de prohibir las redes sociales a los menores de 15 años a partir del inicio del próximo curso escolar. Una cosa es segura: la tecnología digital ya no es solo una herramienta escolar, sino un asunto público delicado, donde es necesario trazar una línea divisoria entre protección y responsabilidad, y cuyo calendario político se acelera.
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