El ataque con arma blanca que azotó Mulhouse el sábado 22 de febrero revela, una vez más, la negligencia de un Estado incapaz de proteger a sus ciudadanos de una amenaza claramente identificada. El agresor, Brahim A., de 37 años, señalado por radicalización y condenado por apología del terrorismo, debería haber sido deportado. Sin embargo, seguía en Francia, bajo arresto domiciliario. Esta negligencia le costó la vida a un hombre inocente.
Nacido en Argelia, Brahim A. figuraba en el Archivo de Informes para la Prevención de la Radicalización Conductiva al Terrorismo (FSPRT). Había sido condenado por apología del terrorismo, una sentencia que, en un Estado soberano y respetuoso de la ley, debería haber conllevado su deportación inmediata. Pero Francia, presa de su propia debilidad, le permitió permanecer en su territorio.
Puesto bajo arresto domiciliario tras cumplir 180 días en un centro de detención migratoria, continuó desafiando a las autoridades. Momentos antes de su sangriento acto, se había negado a firmar las condiciones de su fianza en la comisaría. Esta última provocación debería haber suscitado preocupación sobre su peligrosidad.
El ataque tuvo lugar en pleno centro de Mulhouse, al margen de una manifestación. Brahim A. se abalanzó sobre un transeúnte de 69 años, a quien apuñaló mortalmente. Posteriormente, hirió a varios policías municipales, incluyendo a uno en la arteria carótida y a otro en el pecho. Según varios testigos, gritó "¡Allahu Akbar!" mientras perpetraba el ataque. La Fiscalía Nacional Antiterrorista se ha hecho cargo del caso y ahora investiga por asesinato e intento de asesinato en relación con una organización terrorista. Esta clasificación no hace más que confirmar lo que ya era evidente: el enemigo ha sido identificado, pero el Estado sigue dándole vía libre.
Brahim A. fue objeto de una orden de deportación (OQTF), pero nunca fue expulsado. ¿Por qué? Porque Argelia se niega a expedir pases consulares, lo que permite que sus peligrosos ciudadanos deambulen por territorio francés. Este absurdo, trágicamente repetido, se cobra muchas víctimas inocentes.