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Matrimonios religiosos clandestinos: la zona gris que debilita a miles de familias en Bélgica

En varios países europeos, un fenómeno discreto pero preocupante sigue en aumento: la existencia de matrimonios religiosos celebrados fuera del marco legal del Estado. Estas uniones, reconocidas en ciertos círculos religiosos o comunitarios, carecen, sin embargo, de valor legal a menos que se registren ante las autoridades civiles.

Esta situación crea una zona gris en la que algunas mujeres y niños pueden encontrarse sin protección real. En Bélgica, esta realidad sigue estando poco documentada, pero trabajadores sociales, abogados y representantes de ONG son conscientes de su existencia. Detrás de estas uniones informales se esconden a veces situaciones humanas complejas: parejas sin estatus legal, familias en un limbo administrativo y niños cuya situación legal se vuelve extremadamente precaria.

El fenómeno no es exclusivo de Bélgica. Forma parte de una realidad más amplia observada en varios países europeos durante décadas. Sin embargo, en ciertos barrios urbanos marcados por la inmigración y situaciones administrativas precarias, esta práctica puede adquirir una dimensión particular.

Una tradición religiosa antigua pero controvertida

Para comprender la existencia de estas uniones religiosas no registradas, debemos remontarnos a ciertas prácticas matrimoniales derivadas del derecho musulmán clásico.

Desde los primeros siglos del Islam, algunas fuentes mencionan la existencia de un tipo de unión llamada mutʿa, a menudo traducido como «matrimonio temporal». Este contrato consiste en una relación concluida por un período determinado entre dos personas, acompañada de mutuo acuerdo y el pago de una dote.

En la tradición jurídica del chiismo duodecimano, esta práctica nunca ha sido abrogada y sigue siendo legal en algunos países de mayoría chiita, especialmente en Irán o en ciertas regiones de Irak, donde se la llama sigheh.

Sin embargo, la mayoría de las escuelas jurídicas sunitas consideran que este tipo de matrimonio estuvo prohibido desde muy temprano en la historia del Islam. Esta divergencia constituye una de las diferencias históricas entre las tradiciones jurídicas sunitas y chiitas.

Sin embargo, en las sociedades sunitas, con el tiempo han surgido otras formas de uniones religiosas informales. Estas incluyen el nikah, celebrado sin registro civil; el matrimonio urfi, a menudo discreto y no oficial; y el matrimonio misyar, en el que ciertas obligaciones matrimoniales se limitan voluntariamente.

Estas uniones pueden ser reconocidas religiosamente, pero no tienen existencia legal en los estados modernos a menos que se registren ante las autoridades civiles.

El surgimiento del fenómeno en las diásporas europeas

Con las migraciones internacionales desde los años 1960 y 1970, algunas de estas prácticas se han observado en las diásporas musulmanas en Europa.

En la mayoría de los casos, las parejas cumplen con la ley y celebran una ceremonia de matrimonio civil antes de la ceremonia religiosa. Sin embargo, en ciertas situaciones, sobre todo cuando las personas involucradas tienen un estatus migratorio irregular, algunas parejas optan por celebrar únicamente una ceremonia de matrimonio religiosa.

El país donde más se ha estudiado este fenómeno es el Reino Unido. Una encuesta realizada por la organización Muslim Women's Network UK reveló que aproximadamente el 60 % de las mujeres que celebraron una boda religiosa musulmana no estaban legalmente casadas según la legislación británica.

En estas situaciones, las consecuencias suelen aparecer durante las separaciones: falta de reparto de bienes, dificultad para obtener la pensión alimenticia o imposibilidad de hacer valer determinados derechos familiares.

Una realidad discreta pero real en Bélgica

En Bélgica, la ley es clara: el matrimonio civil debe preceder a cualquier ceremonia religiosa. Celebrar un matrimonio religioso sin una ceremonia civil puede incluso ser sancionado por ley.

Sin embargo, a pesar de este marco legal, trabajadores sociales y trabajadores de campo denuncian la existencia de matrimonios religiosos celebrados sin registro civil. En algunos barrios de Bruselas, aún se practican las uniones informales, a veces llamadas «matrimonios Fatiha».

Estas ceremonias generalmente consisten en la recitación de la Fatiha, la primera sura del Corán, ante un imán o una persona reconocida religiosamente por la comunidad. Para quienes participan, esta unión puede considerarse plenamente válida desde el punto de vista religioso y social, aunque no tenga validez legal.

En algunos casos, estas uniones involucran a parejas con estatus migratorio irregular. La ausencia de matrimonio civil puede deberse a que uno o ambos miembros de la pareja carecen de permiso de residencia.

Las consecuencias a veces son dramáticas: la pareja forma una familia, nacen los hijos, pero todo el hogar permanece en la precariedad legal. Sin estatus legal, los padres pueden encontrarse en una situación de indocumentación administrativa prolongada.

Precedentes preocupantes en Bruselas

La cuestión de los matrimonios religiosos no registrados ya ha suscitado preocupación en el pasado en Bélgica.

En la década de 2000 y principios de la de 2010, algunos predicadores activos en ciertos barrios de Bruselas fueron acusados ​​de haber oficiado numerosos matrimonios religiosos al margen de cualquier marco legal. El nombre del predicador conocido como Sheikh Bassem, activo sobre todo en Molenbeek antes de partir hacia Siria, donde murió combatiendo para el Estado Islámico, se mencionaba con frecuencia en este contexto.

De igual modo, algunas investigaciones parlamentarias han puesto de relieve los abusos que existían en torno al Centro Islámico y Cultural de Bélgica, situado en el Cincuentenario de Bruselas, antes de que las autoridades belgas pusieran en duda su estatus entre 2018 y 2019.

Estas situaciones han contribuido a llamar la atención de las autoridades sobre los riesgos asociados a la existencia de estructuras religiosas que operan al margen de cualquier control legal.

Consecuencias concretas para las mujeres y los niños

Más allá del debate religioso, la cuestión es principalmente jurídica y social.

Cuando un matrimonio religioso no se registra civilmente, los cónyuges no se benefician de las protecciones que brinda la ley matrimonial. En caso de separación, la mujer puede quedar sin derechos legales sobre los bienes de la pareja.

La situación también puede complicarse para los niños, sobre todo cuando sus padres se encuentran en una situación migratoria precaria. La falta de estatus legal puede complicar ciertos trámites administrativos relacionados con la filiación, la residencia o el acceso a ciertos derechos sociales.

Los expertos juristas hablan a veces de “familias invisibles” para referirse a situaciones en las que una realidad familiar existe socialmente pero sigue siendo jurídicamente frágil.

Un desafío para el Estado de derecho

La mayoría de los expertos destacan un punto esencial: estas situaciones son minoritarias y no reflejan la realidad de la gran mayoría de las familias musulmanas que viven en Europa.

Sin embargo, a pesar de ser una minoría, la existencia de uniones religiosas no registradas plantea un verdadero desafío para las sociedades europeas. Pone de relieve la tensión entre dos principios fundamentales: la libertad religiosa y la igualdad ante la ley.

En las democracias europeas, la libertad religiosa está protegida. Sin embargo, esta libertad no puede prevalecer sobre las normas del derecho civil, en particular cuando se trata de proteger los derechos de las mujeres y los niños.

La respuesta a este fenómeno no reside en la estigmatización ni en la negación. Al contrario, requiere más información sobre la diferencia entre el matrimonio civil y el religioso, mejor apoyo legal para los afectados y una mayor vigilancia contra las prácticas que eluden el marco legal.

En un Estado de derecho, hay una regla fundamental: sólo el matrimonio civil garantiza plenamente los derechos jurídicos de los cónyuges y de sus hijos.

Ignorar la existencia de estas uniones informales no protegería a las personas involucradas. Al contrario, reconocer este fenómeno y estudiarlo seriamente es un paso necesario para evitar que miles de familias vivan permanentemente en la sombra legal de Europa.


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