Tres años después del escándalo Orpea, los controles prometidos por el gobierno han dado como resultado un resultado preocupante: se han impuesto 55 sanciones graves a 43 residencias de ancianos, 11 de las cuales han tenido que cerrar definitivamente.
Disfunciones importantes en instituciones frágiles
El plan de seguimiento, puesto en marcha en 2022, fue llevado a cabo por las Agencias Regionales de Salud (ARS) e identificó casos de maltrato, disfunciones graves y deficiencias en la atención prestada a los residentes. En algunos casos, los inspectores realizaron visitas sin previo aviso, centrándose principalmente en centros sospechosos de abusos. Como resultado, 35 centros fueron puestos bajo administración provisional, 9 fueron suspendidos temporalmente y 11 fueron cerrados definitivamente, como en Dordives (Loiret), donde la residencia pública de ancianos cesó sus operaciones el 31 de diciembre.
Mayor transparencia, pero respuesta insuficiente según los profesionales
La ministra Charlotte Parmentier-Lecocq defendió el deseo de "restaurar la transparencia del sistema", haciendo hincapié en las nuevas obligaciones de los centros de atención, en particular en materia de nutrición, derechos de visita y trazabilidad financiera. Se ha creado un comité para combatir el maltrato, y la ley de 2024 sobre envejecimiento saludable impondrá nuevos indicadores de calidad. Sin embargo, para Pascal Champvert, vicepresidente de AD-PA, "el Estado no está a la altura de la tarea" y aún faltan recursos para contratar a más profesionales. La tarea sigue siendo inmensa, y recuperar la confianza será difícil.