Se trata de una pequeña proeza presupuestaria que contrasta marcadamente con los errores de Francia. En 2024, España redujo su déficit público al 2,8% del PIB, según las cifras publicadas el jueves 27 de marzo por la ministra de Hacienda, María Jesús Montero. Esta es la primera vez desde 2018 que el país cumple con el criterio del 3% establecido por los tratados europeos. Este resultado se logró a pesar de un contexto internacional inestable, una mayoría parlamentaria frágil y la amenaza inminente de una desaceleración económica.
Esta espectacular recuperación se debe en gran medida a un crecimiento sostenido del 3,2%, muy por encima de la media de la eurozona. El repunte del turismo y la entrada de fondos del plan de recuperación europeo impulsaron la recaudación fiscal, permitiendo a España retomar una trayectoria positiva. Como resultado, la deuda pública se redujo al 101,8% del PIB, frente al 105,1% del año anterior, muy por debajo de los alarmantes niveles de Francia, que alcanzaron el 113%.
Una estrategia presupuestaria elogiada… y contrastada con la de Francia
El gobierno de Pedro Sánchez, lastrado por la falta de presupuestos para 2024 debido a la mayoría parlamentaria, está cosechando los frutos de la disciplina fiscal iniciada durante la crisis sanitaria. El contraste es notable con Francia, donde el déficit ascendió al 5,8% del PIB en 2024 y no se prevé que baje del 3% hasta 2029 como muy pronto. Peor aún, el gasto militar, que se prevé que aumente en ambos países, no parece estar frenando las ambiciones de austeridad de Madrid.
Mejor aún, España prevé un déficit del 2,5 % en 2025, con un crecimiento estimado del 2,6 %. Y se espera que la deuda pública se sitúe por debajo del 100 % del PIB al final de la legislatura de 2027. Los observadores consideran este objetivo realista, considerando esta disciplina fiscal como una señal tranquilizadora para los mercados… y un modelo que algunos en Francia empiezan a envidiar.