La tragedia migratoria continúa azotando la costa norte de Francia ante la indiferencia generalizada de las autoridades. El jueves 30 de julio, la prefectura marítima y la prefectura de Pas-de-Calais confirmaron la muerte de cuatro personas durante intentos separados de cruzar clandestinamente el Canal de la Mancha. Tres víctimas fueron halladas sin vida a bordo de una lancha neumática frente a Dunkerque, mientras que un cuarto cuerpo fue recuperado tras el naufragio de una embarcación improvisada a altas horas de la noche frente a Hardelot, elevando a al menos catorce el número de fallecidos en el estrecho de Dover desde principios de año.
Este último y trágico balance pone de manifiesto la dramática ineficacia de los sistemas de vigilancia ante la desesperación de los migrantes y la criminalidad de los traficantes. Si bien los equipos de rescate también atendieron a seis personas con heridas leves, entre ellas un bebé de un año, esta última tragedia marítima reaviva cruelmente las críticas a la gestión de este foco de conflicto migratorio, tan solo unos días después de la publicación de un informe demoledor que pone en entredicho la política gubernamental en la frontera franco-británica.
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