Ante un desempleo récord que alcanza casi el 16% entre los jóvenes de 16 a 24 años, muchos jóvenes chinos, bajo presión social, optan por mentir a sus familias para no quedar mal. Algunos recurren entonces a empresas especializadas en trabajos ficticios, como "Simula trabajar", para simular una vida profesional.
Estas empresas ofrecen un servicio de pago que permite a los jóvenes desempleados crear una excusa creíble. Por unos 4 euros al día (30 yuanes), los clientes tienen acceso a espacios de trabajo donde pueden fingir que están empleados, con pausa para el almuerzo e incluso un entorno ideal para videollamadas con sus familias. Un recién graduado en arte explicó: «Mis padres creen que ya tengo trabajo. Es más fácil quedarme en esta empresa ficticia que explicarles la situación».
Esta iniciativa responde a una necesidad creciente: la de guardar las apariencias, especialmente en un país donde la presión familiar es inmensa. Antes de la aparición de estos negocios, los jóvenes desempleados se refugiaban en cafeterías o bibliotecas para engañar a sus familias. Pero esta solución no siempre era suficiente.
Yendo aún más lejos, algunas empresas ofrecen salarios ficticios, lo que permite a los empleados mantener sus prestaciones sociales y, así, ocultar el desempleo a las autoridades. Estas empresas, que se benefician de una economía en desaceleración, ofrecen a los jóvenes una ilusión de estabilidad en un contexto difícil.