El jueves 12 de marzo, Bélgica se pone de nuevo el uniforme azul… y el país vuelve a la pausa. Se prevé una nueva movilización sindical, la octava desde principios de 2025, con una manifestación nacional en Bruselas. Para los viajeros, el mensaje es tan claro como una sirena de embarque: viajar está a punto de complicarse, y mucho.
En primer lugar, la industria aérea está sufriendo las consecuencias más graves. En el Aeropuerto de Bruselas-Zaventem, el paro laboral del personal de seguridad y asistencia en tierra ha obligado a la dirección a cancelar todas las salidas de vuelos de pasajeros "por razones operativas". La misma situación se está produciendo en el Aeropuerto de Charleroi-Bruselas Sur: no hay vuelos de salida. Las llegadas también se verán afectadas, advierten los aeropuertos. En resumen, si tenía un billete, es mejor consultar su correo electrónico antes de consultar los paneles de salidas.
Cuando Bélgica entra en pausa, la economía se tambalea
Por parte de las aerolíneas, el tono es cortés pero tenso. SN Brussels Airlines, filial del Grupo Lufthansa, lamenta sinceramente las molestias causadas por estas huelgas y afirma que 100.000 pasajeros ya se han visto afectados por huelgas anteriores en el sector. Las cifras de los aeropuertos son alarmantes: el Aeropuerto de Bruselas ha registrado 2.400 vuelos cancelados y más de 275.000 viajeros afectados durante huelgas anteriores. Esto ya no es un contratiempo menor; es un sistema que se está colapsando.
En las calles y en los ferrocarriles, el día también promete interrupciones. El transporte público funcionará con capacidad reducida en las tres regiones, con un corte anunciado. Sin embargo, se espera que el tráfico ferroviario se reanude parcialmente: los sindicatos quieren facilitar el transporte de los manifestantes a Bruselas tras las huelgas que comenzaron el domingo 8 de marzo y que finalizarán el miércoles por la noche. Una forma de decirle al lector: para venir a protestar, se están flexibilizando un poco las restricciones; para irse de vacaciones, esa es otra historia.
El tira y afloja entre el derecho a la huelga y la continuidad de los servicios continúa. Los sindicatos esperan una movilización comparable a la de octubre de 2025, cuando aproximadamente 100.000 personas (hasta 140.000 según algunas organizaciones) marcharon en la capital. Mientras tanto, VOKA, la principal red de operadores comerciales flamencos, presiona para que se establezca un servicio mínimo en los aeropuertos. ¿Resolverá Bélgica, un país de consenso, finalmente este delicado asunto, o seguirá contabilizando los vuelos cancelados como si contara días de malestar social?