En el oeste de París, EVARS está impulsando a las familias a optar por escuelas privadas.
En el oeste de París, EVARS está impulsando a las familias a optar por escuelas privadas.

En el oeste de París, se está produciendo un cambio sutil en el ámbito escolar. Los colegios privados que operan fuera de los convenios estatales informan de un aumento en las solicitudes de matrícula, y muchos padres utilizan el mismo término para describir su decisión: EVARS, por educación en la vida emocional, relacional y sexual. El programa se hizo obligatorio al inicio del curso escolar pasado y está en vigor desde el 6 de febrero de 2025, desde preescolar hasta bachillerato, tanto en colegios públicos como en privados con convenio estatal.

En teoría, el programa EVARS busca la prevención y la comprensión, con sesiones adaptadas a cada edad. Sin embargo, en la práctica, el tema dista mucho de ser abstracto. Las familias, a menudo católicas según los testimonios recabados, hablan de una escuela que "se inmiscuye en el hogar" y de un marco educativo que desean recuperar, convencidas de que algunos contenidos son demasiado precoces o están mal presentados. La implementación sigue siendo desigual entre las escuelas, lo que alimenta las tensiones locales: una sesión aquí, un aplazamiento allá, y en otros lugares, una comunicación considerada demasiado vaga.

Cuando la escuela toca asuntos personales, la matrícula cambia.

En Le Pecq, en el departamento de Yvelines, la directora del colegio católico independiente Saint-Dominique cita un ejemplo que se extendió rápidamente entre los padres: una niña de 7 años fue retirada de clase tras una lección de anatomía. Este tipo de incidentes, sean aislados o no, influyen considerablemente en las decisiones familiares, ya que tocan lo que muchos consideran la frontera más delicada entre instrucción y educación. En los colegios privados independientes, el programa EVARS obligatorio solo comienza en la secundaria, un detalle normativo que, para algunos, se convierte en un factor decisivo.

Estas escuelas, con sus diversos programas educativos, se presentan como una alternativa preferida, caracterizada por sus valores declarados, clases con menos alumnos y una interacción más directa con el profesorado. Sin embargo, el debate va mucho más allá de los barrios acomodados del oeste de Francia: la educación sexual en las escuelas reaparece con frecuencia en las noticias, atrapada entre los objetivos de salud pública y las objeciones de algunas familias. Una encuesta de Ifop publicada el 5 de mayo indica que el 64% de los franceses cree que diversificar la oferta educativa ayudaría a reducir el fracaso escolar, una señal de que la demanda de una mayor diversidad está ganando terreno.

Una observación muy concreta persiste: cuando las directrices nacionales entran en conflicto con prácticas dispares, la confianza se erosiona y las decisiones se toman en el aula, a veces incluso dentro de una misma clase. Este problema no desaparecerá, ya que afecta a la protección de la infancia, el papel de los padres y la misión del centro educativo. En los próximos meses, muchos se centrarán menos en los principios generales y más en cómo cada centro explica, estructura y asume la responsabilidad de lo que enseña.

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