CIENCIA Y TECNOLOGÍA

K2-18 b: ¿Han detectado los astrónomos una señal extraterrestre que emana de este exoplaneta?

K2-18 b: ¿Han detectado los astrónomos una señal extraterrestre que emana de este exoplaneta?
K2-18 b: ¿Han detectado los astrónomos una señal extraterrestre que emana de este exoplaneta?

Ubicado a 124 años luz de la Tierra, en la constelación de Leo, el exoplaneta K2-18 b ha sido motivo de intriga durante varios años. Situado en la zona habitable de una estrella enana roja y envuelto en una atmósfera rica en dióxido de carbono y metano, se encuentra entre los candidatos a ser considerado un mundo "hiceano", potencialmente cubierto por un océano líquido bajo una gruesa capa de hidrógeno. Este perfil ha despertado el interés tanto de exobiólogos como de buscadores de tecnofirmas.

Esta vez, la pregunta era directa: ¿emite una civilización avanzada señales de radio desde K2-18 b? Para intentar responderla, los investigadores movilizaron dos importantes instrumentos de la astronomía moderna: el Karl G. Jansky Very Large Array en Nuevo México y el MeerKAT en Sudáfrica. Una campaña coordinada de esta escala sigue siendo poco común, dada la gran demanda de estos radiotelescopios.

El objetivo era escanear la región del cielo correspondiente al sistema planetario durante largos periodos para detectar señales de radio de banda estrecha, comparables a las producidas en la Tierra por radares o grandes transmisores. Este tipo de onda se considera un posible indicador de actividad tecnológica.

Una búsqueda metódica de tecnofirmas

La dificultad no reside únicamente en la potencia de las antenas. El verdadero desafío comienza tras la observación. Los radiotelescopios registran millones de señales, la gran mayoría de las cuales provienen de fuentes terrestres, satélites, radares y diversas comunicaciones. Por ello, los investigadores han aplicado una serie de sofisticados filtros de software para eliminar este ruido de fondo.

El primer paso fue enmascarar las bandas de frecuencia que se sabía que estaban contaminadas por la interferencia humana. Este filtrado eliminó de inmediato un volumen considerable de datos, a costa de una limitación reconocida: si una civilización extraterrestre utilizara precisamente estas frecuencias, sería ignorada. A continuación, los científicos descartaron las señales que no presentaban efecto Doppler, la variación de frecuencia relacionada con el movimiento relativo entre la fuente y el observador. Una señal de origen planetario debería, en principio, mostrar esta deriva característica.

Otro criterio clave se refería a la relación señal-ruido. Los investigadores solo consideraron señales dentro de un rango específico. Por debajo de cierto umbral, el riesgo de falsos positivos era demasiado alto. Por encima de otro umbral, las anomalías observadas solían ser artefactos detectados por una sola antena y no por toda la red. Esta decisión pragmática hizo que el análisis fuera útil, incluso si teóricamente podía excluir una señal débil o atípica.

Un silencio instructivo

Tras este cribado metódico, ninguna señal superó todos los filtros. A pesar de los millones de puntos de datos sin procesar recopilados, no se identificó ninguna tecnofirma de radio de banda estrecha en el sistema K2-18b. Este resultado no prueba la ausencia de vida o inteligencia en este planeta. Simplemente indica que no se detectaron emisiones comparables a las tecnologías de radio terrestres más potentes en dirección a la Tierra.

En la práctica, si una civilización se ubicara en K2-18b, no utilizaría un transmisor más potente que el gran radar de Arecibo, ahora fuera de servicio, ni lo apuntaría hacia nosotros. Podría ser silenciosa, emplear otros medios de comunicación o estar en una etapa tecnológica diferente.

Más allá de la búsqueda de extraterrestres, el estudio constituye una demostración metodológica. Valida herramientas capaces de procesar automáticamente inmensos volúmenes de datos sin verse saturadas por interferencias terrestres. Este enfoque será esencial para futuros observatorios como el Square Kilometre Array, que generará flujos de datos aún más masivos. Por lo tanto, K2-18 b sigue siendo un planeta fascinante. Pero por ahora, si alguien se comunica allí, no lo hace en frecuencias que conocemos.

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