Investigadores de la ETH Zúrich transfirieron casi 100 petabytes de datos públicos de la NASA al Centro Nacional Suizo de Computación Científica (CSCS) para preservar uno de los conjuntos de datos climáticos más grandes del mundo. Esta operación, que duró casi un año, implicó la copia de aproximadamente seis mil millones de archivos, equivalentes a 20 millones de películas en alta definición. El objetivo de los científicos es garantizar el acceso a esta información esencial y, al mismo tiempo, utilizarla para desarrollar nuevos modelos de inteligencia artificial para la ciencia del clima.
Los datos abarcan varias décadas de observaciones terrestres realizadas por la NASA e incluyen información sobre emisiones de gases de efecto invernadero, precipitaciones, nubes, océanos y capas de hielo. Los investigadores también planean integrar conjuntos de datos importantes de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA). El objetivo es mejorar las capacidades de predicción meteorológica, climática y de desastres naturales mediante el uso de inteligencia artificial.
Datos estratégicos en un contexto de restricciones presupuestarias
Esta iniciativa surge en un momento en que la financiación federal estadounidense para la investigación climática y la observación de la Tierra se ha reducido significativamente desde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca . Si bien los datos de la NASA y la NOAA siguen siendo de acceso público, los investigadores suizos temen que un cambio de política pueda limitar rápidamente su disponibilidad. Según Thomas Zurbuchen, ex científico de la NASA y ahora profesor de la ETH Zúrich, estos programas estadounidenses han sido una fuente insustituible de conocimiento sobre el funcionamiento del planeta durante décadas.
Para los climatólogos, estas bases de datos representan ahora un recurso estratégico. Los modelos de inteligencia artificial entrenados con esta información son capaces de generar pronósticos meteorológicos globales en tan solo unos minutos, en comparación con las varias horas que requieren los modelos físicos tradicionales. Almacenados en la supercomputadora "Alps", una de las más potentes del mundo, estos datos deberían acelerar la investigación científica y mejorar la anticipación de eventos extremos, como tormentas, inundaciones y deslizamientos de tierra.
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