Coldplay contra una pyme lionesa: "Moon Music" en el centro de una batalla legal
Coldplay contra una pyme lionesa: "Moon Music" en el centro de una batalla legal

Por un lado, una potencia mundial del pop capaz de llenar estadios. Por el otro, una joven compañía lionesa que lanza drones e ideas por los aires. Entre ambas, un nombre: "Moon Music". La compañía francesa homónima ha decidido luchar hasta el final contra Coldplay, acusado de usar este nombre para su último álbum, a pesar de haber recibido una notificación formal en 2023.

Inicialmente, la historia se asemeja a la de dos emprendedores que construyen su proyecto entre clases y muchas noches de insomnio. Registraron el dominio moonmusic.fr en 2020 y luego presentaron la marca "Moon Music" ante el INPI (Instituto Nacional de la Propiedad Industrial de Francia) en septiembre de 2022. Unos meses después, en enero de 2023, Coldplay anunció que su décimo álbum de estudio llevaría este título. Para la pequeña empresa, el golpe fue duro: escribieron a la banda y a Warner Music France solicitando el cese de la marca, sin obtener respuesta, y finalmente presentaron una demanda en junio de 2024.

Sin embargo, la primera ronda no fue favorable para la compañía francesa. El 27 de enero de 2025, el presidente del tribunal judicial de Lyon desestimó el caso de Moon Music: según la sentencia, Coldplay utilizó «Moon Music» como título de una obra artística, y no «como marca registrada». En otras palabras, el juez determinó que un álbum es, ante todo, una obra creativa, no una etiqueta destinada a distinguir servicios o productos en un mercado, una distinción legal que lo cambia todo.

Cuando el título de un álbum entra en conflicto con la legislación sobre marcas registradas

Pero el asunto no está cerrado. Moon Music ha apelado, y el Tribunal de Apelación de Lyon tiene previsto examinar el caso en una audiencia el 1 de abril, según Antoine Guérinot, abogado de la compañía, citado por Radio France. Tras la disputa semántica se esconde una preocupación muy real: ¿cómo pueden existir, comercialmente y en los medios, cuando el mismo nombre empieza a resonar por todas partes, impulsado por una banda cuya fama lo eclipsa todo?

Porque Coldplay no es solo música; también es un ecosistema: giras, merchandising, campañas de marketing, plataformas de streaming y distribución global. Y en cuanto un nombre aparece en carteles, tiendas online o campañas patrocinadas, la línea entre «obra artística» y «uso comercial» puede volverse peligrosa. El lector lo intuye: aquí es donde suelen estallar las batallas por la propiedad intelectual, cuando una creación se transforma en una marca de facto, incluso sin declararlo explícitamente.

Queda una pregunta, casi política en el sentido más amplio: en un mercado dominado por gigantes culturales, ¿qué margen les queda a las pequeñas organizaciones que intentan proteger su identidad? La audiencia de abril determinará si el tribunal confirma la interpretación estrictamente artística del título o si abre la puerta a una mayor protección del nombre para la empresa francesa y, además, envía una señal a todos aquellos que registran una marca con la esperanza de que no sea absorbida por una entidad mayor.

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