Para las personas que toman antidepresivos, el calor extremo no solo resulta incómodo: puede alterar la termorregulación del cuerpo y provocar síntomas graves. Médicos y psiquiatras advierten sobre estos riesgos, a menudo subestimados.
Mareos, náuseas, dolores de cabeza, fatiga intensa, deshidratación: estos son algunos de los efectos que pueden experimentar los pacientes que toman antidepresivos cuando sube la temperatura. Victoria Tzortziou Brown, presidenta del Real Colegio Británico de Médicos de Familia, lo explica claramente: «Algunos antidepresivos pueden afectar la forma en que el cuerpo regula la temperatura y la transpiración».
El mecanismo es preciso. El hipotálamo, una glándula cerebral responsable de regular la temperatura corporal, se ve directamente afectado por estos medicamentos. Entre las moléculas implicadas se encuentran los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS), como la sertralina, y los antidepresivos tricíclicos, como la amitriptilina.
Michael Paulzen, jefe de departamento del Hospital Alexianer de Aquisgrán y vicepresidente de la división de psicofarmacología de la Sociedad Alemana de Psiquiatría, describe un sistema fisiológico complejo sometido a un estrés intenso: «Un fallo en el proceso de termorregulación puede ser causado por el estrés térmico, el calor o ciertos medicamentos». Las posibles consecuencias van desde calambres musculares y desmayos hasta agotamiento por calor e incluso golpe de calor.
Los efectos sobre la transpiración varían según el medicamento. Los antidepresivos tricíclicos como la amitriptilina pueden inhibir la sudoración, comprometiendo así la refrigeración por evaporación. Por el contrario, los antidepresivos como la sertralina estimulan el sistema nervioso simpático y provocan sudoración excesiva. En foros en línea, muchos usuarios informan de este efecto: «Desde que empecé a tomar sertralina, es mucho peor; siento que me derrito haga lo que haga», escribe uno de ellos.
Otro peligro que a menudo se subestima es que estos medicamentos pueden reducir la sensación de sed, exponiendo a los pacientes a la deshidratación incluso antes de que la sientan. Daniel Harwood, del Real Colegio de Psiquiatras del Reino Unido, subraya este punto: «La deshidratación puede aumentar la sensibilidad a los efectos de ciertos medicamentos». Además, la piel puede volverse más vulnerable al daño solar.
Ante estos riesgos, los especialistas coinciden en un punto: nunca interrumpa ni modifique su tratamiento sin consultar a un médico. «Suspender bruscamente los antidepresivos puede provocar síntomas de abstinencia y afectar la salud mental del paciente», recuerda Victoria Tzortziou Brown. Las recomendaciones prácticas siguen siendo sencillas: beba abundante líquido, evite la exposición directa al sol y consulte a un médico en cuanto aparezcan síntomas físicos graves o manifestaciones psicológicas inusuales.
El contexto climático agrava aún más la urgencia del problema. Europa es el continente que se calienta más rápidamente, y este verano ya se han registrado temperaturas superiores a los 40 °C en el hemisferio norte. Para millones de pacientes que toman antidepresivos, cada ola de calor representa ahora un importante desafío para su salud.
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