En Reunión, la epidemia de chikunguña ha dado un giro drástico. En tan solo una semana, se han reportado más de 4.000 nuevos casos. Y esta vez, los más pequeños están pagando un alto precio: trece bebés menores de un año están hospitalizados, siete de ellos en cuidados intensivos, en estado crítico. La sala de urgencias pediátricas del Hospital Universitario de Saint-Pierre está bajo una enorme presión. Los bebés infectados sufren intensamente. Algunos gritan al menor contacto. Incapaces de alimentarse, reciben morfina. Su vida diaria está llena de dolor. El Dr. Brahim Boumahni, pediatra del Hospital Universitario, describe una situación de una gravedad poco común: dolor muscular y articular, llanto incesante y tratamientos severos. Y solo una lenta mejoría después de varios días en cuidados intensivos.
Tres de los bebés hospitalizados tienen menos de 28 días. Los demás aún no tienen tres meses. Dos de ellos contrajeron el virus al nacer: sus madres se infectaron justo antes del parto. El virus traspasó la frágil barrera entre la vida en el útero y el mundo exterior. Como resultado, uno de cada dos bebés se ve gravemente afectado. Los demás casos se infectaron en casa, durante los primeros días de vida. En total, 72 personas se encuentran hospitalizadas actualmente, incluidas once mujeres embarazadas. La epidemia no distingue entre personas.
Efectos secundarios invisibles pero duraderos
Los efectos del virus en los recién nacidos no terminan con la hospitalización. Un estudio del Inserm realizado durante la epidemia de 2005 en Reunión mostró que los niños infectados al nacer tienen un mayor riesgo de retrasos psicomotores a los dos años. A diferencia de una infección que ocurre durante el embarazo, a menudo benigna, una contraída durante el parto puede provocar graves daños neurológicos. La causa: la fragilidad del sistema inmunitario de los recién nacidos y la permeabilidad de sus tejidos. Los investigadores mencionan un alto riesgo de encefalopatía. Desde agosto de 2024, se han registrado casi 13.600 casos en la isla. Se han reportado dos muertes, dos personas de 86 y 96 años. Para evitar la saturación de los laboratorios, las autoridades han decidido dejar de realizar sistemáticamente pruebas de confirmación en zonas con alta circulación viral. El mensaje sigue siendo el mismo: eliminar el agua estancada, protegerse de las picaduras y consultar a un médico si se experimentan síntomas. Sin embargo, el virus no espera.