Cáncer de pulmón en no fumadores: riesgos que aparecen de forma inesperada
Cáncer de pulmón en no fumadores: riesgos que aparecen de forma inesperada

He aquí una estadística que desafía las ideas preconcebidas: el cáncer de pulmón ya no se asocia exclusivamente al tabaquismo. En Francia, se diagnostican alrededor de 40 000 casos nuevos cada año, y entre ellos, casi uno de cada diez pacientes nunca ha fumado. Entre las mujeres, la proporción de no fumadoras afectadas asciende incluso a entre el 30 % y el 40 %, mientras que entre los hombres ronda el 10 %.

Esto no supone un cambio radical; el tabaco sigue siendo la causa principal en la gran mayoría de los casos, pero basta para recordar al lector que la enfermedad tiene muchas manifestaciones. A nivel mundial, el cáncer de pulmón en no fumadores se ha convertido incluso en la quinta causa principal de muerte por cáncer, una cifra que habla por sí sola.

Radón, aire contaminado, trabajo: los culpables silenciosos

Detrás de estos casos, tres factores se repiten constantemente, como invitados invisibles. Primero, la contaminación atmosférica, un conocido carcinógeno, con sus partículas finas y óxidos de nitrógeno que se acumulan con el paso de los años, sin síntomas dramáticos, solo una acumulación gradual. Segundo, el radón, un gas radiactivo natural, que puede concentrarse en viviendas con poca ventilación, especialmente en ciertas zonas como el Macizo Central, Bretaña, los Vosgos o Córcega; un riesgo doméstico que todavía se subestima con demasiada frecuencia. Finalmente, las exposiciones laborales: amianto, sílice, gases de escape diésel, disolventes; todo lo que se inhala en una obra o taller, a veces sin que se establezca la conexión veinte años después, y con la frecuente falta de notificación de casos.

La medicina, por su parte, está perfeccionando el perfil genético: las mutaciones de EGFR, ALK y KRAS… en algunos no fumadores, estos marcadores permiten tratamientos más específicos y, en ocasiones, un diagnóstico más temprano, lo que indica que el cáncer de pulmón ya no es una enfermedad monolítica. Una verdad innegable, casi evidente, permanece: la prevención no se limita a dejar de fumar; también reside en el aire que respiramos y en las paredes que nos protegen, un ámbito en el que los próximos años serán cruciales.

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