Este lunes a las 16 p.m., la Asamblea Nacional comenzará a trabajar en una ley marco largamente postergada relativa a la restitución de bienes culturales adquiridos en un contexto colonial. El texto llega tarde, casi diez años después de la promesa deEmmanuel Macron En Uagadugú, en 2017, y tras su aprobación por el Senado, que la ratificó por unanimidad a finales de enero, se entiende en la cámara que el tema va mucho más allá de los museos: atañe a la memoria, la diplomacia y la imagen que Francia pretende proyectar a sus socios africanos.
Hasta ahora, todo se gestionaba caso por caso, un proceso engorroso regido por el principio de inalienabilidad de las colecciones públicas. En consecuencia, cada devolución requería una legislación específica, lo que implicaba meses de trámites y una agenda parlamentaria rápidamente saturada. Sin embargo, se produjeron algunas restituciones emblemáticas: 26 obras, los tesoros de Abomey devueltos a Benín, la espada de El Hadj Omar Tall a Senegal y, posteriormente, el «Djidji Ayokwe», un tambor confiscado en 1916, devuelto a Costa de Marfil. Gestos significativos, pero escasos y poco frecuentes.
Un tema delicado, un calendario político
El proyecto de ley pretende acelerar el proceso al sustraer ciertas restituciones del ámbito legislativo y encomendarlas a decretos, tras la revisión de las solicitudes. La ministra de Cultura, Catherine Pégard, promete garantías: criterios para juzgar la ilegalidad de una apropiación y consulta obligatoria con dos comisiones, una científica y otra integrada por parlamentarios, encargadas de emitir un dictamen. En teoría, el Estado se otorga mayor flexibilidad, manteniendo al mismo tiempo el control sobre las decisiones controvertidas.
La disputa sobre el alcance del texto continúa. Este abarca los bienes adquiridos entre 1815 y 1972, periodo que comprende el auge del segundo imperio colonial francés y finaliza justo antes de la entrada en vigor de la Convención de la UNESCO sobre la Restitución. Algunos funcionarios electos consideran que los límites son demasiado estrechos, mientras que otros temen una brecha demasiado amplia en las colecciones nacionales, dada la inminente amenaza de las demandas reactivadas desde la década de 2010 y estructuradas por el informe Sarr-Savoy de 2018. La Asamblea Nacional tendrá que decidir entre la rapidez y la cautela, y el Estado entre el simbolismo y el método, en un debate que no terminará una vez que se clausure la cámara.
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