En plena Feria de Béziers, Robert Ménard lanzó una campaña publicitaria que reivindicaba con vehemencia las tradiciones y la identidad locales. Misa, corridas de toros, apoyo a las fuerzas del orden: ante las críticas, el alcalde de centroderecha defiende su postura inquebrantable y se niega a que su ciudad abandone su identidad.
«Nos encanta la misa, nos encantan las mujeres, nos encantan las corridas de toros, nos encantan los policías, ¿y a ti?». El eslogan es deliberadamente provocador. Exhibido en las calles de Béziers junto a otros lemas como «¡Aquí tenemos tradiciones! ¡Qué pena por los burócratas parisinos!» o «Libérense, piensen en Béziers», resume la estrategia de Robert Ménard: defender abiertamente una identidad y unas tradiciones locales que, según él, a menudo son menospreciadas.
Robert Ménard se niega a disculparse por amar a Béziers.
Las críticas no se hicieron esperar. Grupos feministas y políticos de izquierda denunciaron la campaña como reaccionaria, incluso contraria al espíritu del laicismo. Sin embargo, Robert Ménard se mantuvo firme. «Aquí hay muchos que amamos todo esto», respondió, señalando que su afición a la misa no le impedía asistir con gusto a una sinagoga o mezquita cuando lo invitaban. Respecto a las corridas de toros, también defendió el derecho de quienes aprecian esta tradición a seguir practicándola.
En RMC, varios comentaristas elogiaron la iniciativa. El agricultor Didier Giraud vio a Robert Ménard como el "abanderado" de una Francia apegada a sus tradiciones, mientras que Joëlle Dago-Serry habló de "la afirmación de cierto tradicionalismo o conservadurismo". Una cosa es segura: el alcalde de Béziers abraza plenamente la batalla cultural que libra. "En Béziers y en el sur, estamos orgullosos de lo que pensamos, de quiénes somos y de los valores que defendemos", insistió, lamentando una clase política que con demasiada frecuencia "se avergüenza de lo que piensa".
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