Un año después de la presentación del informe Draghi, que advertía del impacto de los costes energéticos sobre la competitividad industrial, Europa sigue luchando por encontrar un equilibrio. Ursula von der LeyenEn su discurso sobre el Estado de la Unión en Estrasburgo, reiteró la necesidad de que el Viejo Continente "luche por su lugar" en un contexto geopolítico turbulento, incluso cuando la violación del espacio aéreo polaco por drones rusos reavivó las preocupaciones en materia de seguridad. Los precios de la energía siguen siendo significativamente más altos que los de Estados Unidos o China, lo que amplía la brecha competitiva y debilita a las empresas europeas. La reducción gradual de la dependencia del gas ruso, iniciada desde la invasión de Ucrania, sin duda ha mitigado algunos riesgos, pero también ha revelado otras vulnerabilidades, en particular en lo que respecta a la diversificación de suministros y la soberanía energética.
Costos que amenazan la soberanía industrial
Los fabricantes europeos alertan sobre una factura energética que sigue lastrando considerablemente sus márgenes y capacidad de inversión, en un momento en que la transición ecológica exige enormes esfuerzos financieros. La creciente dependencia del gas natural licuado importado, en particular de Estados Unidos y Catar, expone a la Unión Europea a importantes fluctuaciones de precios y tensiones en el mercado global. En este contexto, la soberanía energética de Europa aún está por alcanzar. El informe Draghi ya exigía una política más integrada e inversiones masivas en infraestructuras y energías renovables. Un año después, el progreso sigue siendo limitado, lo que aumenta el riesgo de una brecha industrial con los gigantes estadounidenses y chinos.