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El ministro de Asuntos Exteriores sirio, Assad al-Shaybani, anunció el miércoles la formación de un gobierno de transición, que se establecerá el 1 de marzo y que busca reflejar la diversidad del pueblo sirio. Este anuncio se produce dos meses después de la caída de Bashar al-Assad, quien fue derrocado el 8 de diciembre de 2024 por una ofensiva liderada por Hayat Tahrir al-Sham (HTS).

Desde su llegada al poder, el presidente interino Ahmad al-Sharaa ha iniciado una serie de reformas destinadas a reestructurar las instituciones del país. El antiguo parlamento ha sido disuelto, al igual que el Partido Baaz, que gobernó Siria durante décadas. El nuevo gobierno planea establecer un consejo legislativo interino y ha anunciado que podrían celebrarse elecciones dentro de cinco años.

En aras de la inclusión, las nuevas autoridades afirman haber consultado con la diáspora siria y la sociedad civil local para elaborar una hoja de ruta política. También está prevista una conferencia de diálogo nacional, en la que participarán todos los sectores de la sociedad siria, aunque aún no se ha fijado una fecha.

Mientras tanto, otra tarea crucial está en marcha: la disolución de los grupos armados, incluido el HTS, para integrarlos en un nuevo ejército nacional. Esta decisión busca estabilizar el país y poner fin a las rivalidades entre facciones que caracterizaron la guerra civil.

El anuncio de este gobierno se produce en un momento en que la oposición en el exilio, antes dividida, parece ahora cooperar con la nueva administración. Varias figuras de la oposición, incluido el líder de la Coalición Nacional Siria, Hadi Albahra, han presentado sus informes a las nuevas autoridades, lo que marca el fin de una oposición fragmentada y debilitada por las divisiones internas y el fracaso de las negociaciones mediadas por la ONU.

Si bien la comunidad internacional recibe estos acontecimientos con cautela, se vislumbran algunas señales de cambio en Siria. En las calles de Damasco, la eliminación de los impuestos a los comerciantes y el aumento del 400 % en los salarios de los funcionarios han dado esperanza a una población agobiada por años de conflicto. Otra medida positiva es la abolición del servicio militar obligatorio, que pone fin a un sistema que obligó a miles de jóvenes sirios a huir o a vivir escondidos.

A pesar de estos avances, quedan preguntas cruciales sin respuesta. La búsqueda de las personas desaparecidas bajo el régimen de Asad sigue siendo una prioridad para muchas familias, que exigen justicia y verdad. Las nuevas autoridades aún no han proporcionado un plazo específico sobre este asunto, lo que genera incertidumbre sobre el verdadero alcance de las reformas prometidas.

A medida que Siria entra en una nueva fase de transición, la estabilidad del país dependerá de la capacidad de este gobierno para unirse, generar confianza y cumplir sus promesas a una población que busca renovación.

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