Desafiar el sistema judicial y declararse víctima de conspiraciones judiciales se ha convertido en una práctica recurrente en la escena política europea, cuando antes era excepcional. Desde la extrema derecha hasta la extrema izquierda, muchos líderes políticos adoptan ahora el rol de víctimas al enfrentarse a decisiones judiciales contrarias a sus intereses.
En su artículo publicado por el periódico español El ConfidencialLa periodista Marta García Aller señala que los crecientes ataques contra el Estado de derecho podrían convertir pronto el respeto a las decisiones judiciales en algo excepcional.
Ante las crecientes acusaciones de injerencia en la independencia del poder judicial, la vicepresidenta del Gobierno español, María Jesús Montero, se vio en el centro de una acalorada polémica tras cuestionar el veredicto a favor del jugador del FC Barcelona Dani Alves, de una forma que fue percibida como una negación del principio de presunción de inocencia.
Así, se encontró, quizás sin quererlo, en una creciente lista de figuras políticas en conflicto con la ley, junto a Marine Le Pen, el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. Esta lista ya no se limita a los líderes europeos, sino que también incluye figuras como Donald Trump y Elon Musk, quienes recientemente han intensificado sus ataques contra jueces y fiscales.
El victimismo como estrategia política
El autor señala que estos políticos parecen ignorar que sus cargos no los eximen de la ley y que sus familiares también pueden ser considerados responsables. Sin embargo, insisten en presentar cualquier proceso legal en su contra como una conspiración para eliminarlos políticamente.
El primer ministro español, Pedro Sánchez, fue uno de los primeros en adoptar esta postura al anunciar una pausa de cinco días para "reflexionar" tan pronto como se abrió una investigación sobre las actividades de su esposa.
Esta tendencia a cuestionar el sistema judicial o a afirmar ser víctima de una conspiración judicial está ahora muy extendida entre los políticos, ya sea que ocupen el poder o lo busquen. Trasciende las divisiones ideológicas en Europa e incluso más allá, pasando de una supuesta víctima política a otra. Lo que antes era un discurso marginal de oposición al sistema se ha vuelto dominante, sin perder nada de su peligrosidad.
Un debilitamiento del Estado de derecho
El autor cita varios ejemplos que ilustran este ataque a la independencia judicial. Mientras Netanyahu intenta aprobar una ley que somete el poder judicial israelí al control de los políticos, Donald Trump continúa desafiando abiertamente las decisiones judiciales. Por su parte, Marine Le Pen moviliza a sus partidarios contra una decisión que le impide presentarse a las elecciones tras su condena por malversación de fondos.
Paradójicamente, el gobierno español se presenta como un bastión europeo contra el populismo, mientras su vicepresidenta ataca el principio de separación de poderes al denunciar una supuesta "justicia politizada" cada vez que una investigación la afecta.
El futuro de Europa depende, entre otras cosas, de la capacidad del Estado de derecho para resistir a figuras como Marine Le Pen, incluso más de lo que ha podido hacer frente a Viktor Orbán. Por lo tanto, alimentar la retórica populista y antijusticia no ayuda a consolidarse como jefe de Estado ni protege un sistema político ya debilitado por el auge del extremismo, ya sea de derecha o de izquierda.
Entre la instrumentalización y el oportunismo
María Jesús Montero logró unir a todas las asociaciones de jueces y fiscales en su contra tras cuestionar la presunción de inocencia. Mientras tanto, Marine Le Pen ha logrado aglutinar a oponentes políticos tan dispares como Donald Trump, Vladímir Putin, Viktor Orbán, Jean-Luc Mélenchon y el partido de ultraderecha español Vox. Todos la presentan como víctima de acoso judicial, a pesar de su condena por malversación de fondos, que la inhabilita para presentarse como candidata a un cargo público.
Sin embargo, esta escalada podría convertirse en una ventaja para su partido y su sucesor político. Jordan BardellaAl fortalecer su capital electoral, Donald Trump ha demostrado que presentarse como una víctima ante la justicia puede ser una estrategia eficaz para ganar votos.
Según la autora, María Jesús Montero no solo socava el Estado de derecho, sino que también perjudica al movimiento feminista con sus declaraciones sobre el veredicto de Dani Alves. Cuando un miembro del gobierno cuestiona la presunción de inocencia, beneficia principalmente a quienes tienen un discurso más hostil al feminismo y a las instituciones.
En lugar de utilizar este caso para promover un debate sobre la protección de las víctimas, la vicepresidenta ha socavado la confianza en las instituciones que representa. No es casualidad que estas declaraciones sean bien recibidas por la extrema derecha, que desde hace tiempo ha hecho del debilitamiento del sistema judicial un elemento clave de su estrategia política para sembrar el caos en un momento en que las democracias occidentales se enfrentan a crecientes desafíos.
Una elección peligrosa para el gobierno español
El artículo concluye afirmando que si el Gobierno español aspira a jugar un papel protagonista en el proyecto europeo frente al auge del populismo al estilo de Trump, no puede permitirse el lujo de trivializar el debilitamiento de la separación de poderes.
Si la coalición liderada por Pedro Sánchez continúa por este camino, corre el riesgo de aparecer ya no como la antítesis de Trump, sino como una simple copia de sus discípulos.