El Departamento del Tesoro de Estados Unidos anunció el viernes la prórroga, hasta el 16 de mayo, de la suspensión de la mayoría de las sanciones contra la industria petrolera rusa. Esta decisión se produce en medio de importantes fluctuaciones en los mercados energéticos, marcadas en particular por la reapertura del estrecho de Ormuz y la caída de los precios del petróleo.
Esta medida afecta a las operaciones relacionadas con la exportación de petróleo ruso, incluyendo la carga y la entrega, y también se extiende a los buques asociados con la "flota fantasma" rusa, que ya estaban sujetos a restricciones. Sin embargo, persisten algunas limitaciones: las transacciones que involucren a Irán, Corea del Norte, Cuba o los territorios ucranianos ocupados, incluyendo Crimea, siguen prohibidas.
Washington ya había introducido una exención similar en marzo para permitir la liberación del petróleo ruso almacenado en el mar, con el objetivo de contener el aumento de precios provocado por las tensiones en Oriente Medio. Esta nueva prórroga forma parte de la misma estrategia para estabilizar los mercados energéticos mundiales.
Esta decisión, sin embargo, parece contradecir las recientes declaraciones del secretario del Tesoro, Scott Bessent, quien días antes había afirmado que la suspensión no se extendería más allá de su período inicial. La rápida evolución de la situación geopolítica podría haber motivado un ajuste en la postura estadounidense.
Las sanciones estadounidenses buscan reducir los ingresos por exportaciones de energía de Rusia e Irán. Sin embargo, ante la volatilidad de los precios y los riesgos de suministro, Estados Unidos ha optado por flexibilizar temporalmente estas restricciones para limitar las tensiones en el mercado petrolero mundial.
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