El viernes por la noche, en el corazón de Estrasburgo, la política se desbordó en las calles con una brutalidad escalofriante. Jamila Haddoum, de 44 años, trabajadora social y décima candidata de la lista de LFI (La Francia Insumisa) encabezada por Florian Kobryn en las elecciones municipales, relata haber sido atacada mientras colocaba un cartel con sus dos hijos, de 15 y 16 años. Al parecer, un hombre la interrogó repetidamente sobre su partido antes de ver el cartel y recurrir a amenazas. "Jamás pondrás eso aquí", dijo en rueda de prensa, afirmando que el hombre sacó un cuchillo y que "la más mínima palabra" podría desencadenar lo peor. Se ha presentado una denuncia y la fiscalía ha abierto una investigación.
Cuando el campo saca el cuchillo
Un sospechoso ha sido detenido, anunció el lunes la fiscalía de Estrasburgo, sin proporcionar más detalles por el momento: "Dado el tiempo transcurrido desde la detención, aún no puedo proporcionar ninguna información", declaró la fiscal Clarisse Taron. La candidata afirma haber filmado la escena; el vídeo, mostrado a los periodistas y luego publicado en línea, circuló rápidamente, como si la violencia necesitara pruebas para ser creíble. Hubo reacciones políticas, desde la socialista Catherine Trautmann hasta la alcaldesa del Partido Verde, Jeanne Barseghian, quien condenó los hechos "con la mayor firmeza posible". Persiste una sensación: cuando el debate público se convierte en intimidación callejera, ¿qué espacio queda para la participación cívica, especialmente cuando tiene lugar delante de los propios hijos?