Jacques Moretti, propietario del bar Le Constellation en Crans-Montana, fue sorprendido el martes pasado por periodistas italianos en la azotea de otro de sus establecimientos, Le Vieux Chalet, en Lens, que estaba en obras de renovación.
Hasta ahora, la imagen podría parecer ordinaria. Excepto que fue capturada el mismo día en que el hombre debía ser interrogado por las autoridades como parte de la investigación de la tragedia de Año Nuevo.
Sin embargo, esta audiencia no se llevó a cabo. Jacques Moretti había sido excusado por motivos médicos. Su comparecencia ante los investigadores se ha pospuesto hasta una fecha indeterminada.
La peor señal en el peor momento
En un caso tan delicado, esta escena llega en el peor momento posible. Mientras la investigación sobre la tragedia de Año Nuevo sigue generando expectación por obtener respuestas, ver a Jacques Moretti realizando trabajos de renovación el mismo día en que no pudo asistir a su audiencia corre el riesgo de ser interpretado como una señal nefasta.
Para quienes siguen de cerca el caso, así como para el público en general, la imagen difícilmente puede pasar desapercibida. Alimenta la sensación de desconexión entre la razón esgrimida para justificar la ausencia y la realidad que se muestra en pantalla.
Más allá del procedimiento en sí, la credibilidad de Jacques Moretti también se ve debilitada.
La audiencia se pospuso, pero las preguntas siguen en pie.
Aún no se ha anunciado una nueva fecha para la audiencia. Por lo tanto, la investigación continúa a la espera de esta cita, que ha sido pospuesta indefinidamente.
Mientras tanto, surge una pregunta: ¿cómo podemos explicar que un hombre considerado demasiado frágil para ser escuchado por el sistema judicial pudiera, el mismo día, aparecer en el tejado de una obra en construcción?