Nos lo repetían una y otra vez en la escuela, en la consulta del médico y en la oficina entre reuniones: para mantenernos sanos, necesitamos beber, idealmente de 6 a 8 vasos de agua al día. Sin embargo, la ciencia a veces nos juega una mala pasada. Diversos estudios académicos realizados desde finales de la década de 2000 demuestran que, en ciertas condiciones, la leche puede mantener la hidratación durante más tiempo que el agua, un resultado sorprendente porque desafía una idea simple, casi sagrada: que el agua es la única solución a la deshidratación.
Ya en 2007, se utilizaron voluntarios deshidratados tras un esfuerzo físico como sujetos de prueba: la leche produjo una menor producción de orina que el agua y ciertas bebidas energéticas, y el balance hídrico se mantuvo positivo hasta cinco horas después del ejercicio, mientras que con las demás bebidas analizadas descendió a cero tras aproximadamente una hora. Unos diez años más tarde, un equipo de la Universidad de Limerick observó el mismo beneficio en siete hombres jóvenes físicamente activos. La señal es pequeña pero consistente, como una aguja que regresa obstinadamente al mismo punto.
Cuando los electrolitos actúan como esponjas
El mecanismo en sí es menos misterioso de lo que parece. El cuerpo no solo reacciona al volumen ingerido, sino también a su composición: el sodio y el potasio retienen agua, mientras que las calorías, las proteínas y las grasas ralentizan el vaciamiento gástrico, lo que a su vez ralentiza la rápida eliminación de líquidos. Un estudio de 2016 realizado con 72 hombres, que comparó diversas bebidas (desde agua y refrescos hasta café, cerveza y zumo de naranja), clasificó la leche entera, la leche desnatada y una solución de rehidratación oral como las más eficaces para retener agua durante cuatro horas. Investigaciones más recientes, publicadas en 2020, confirman la ventaja de la leche sobre el agua para la hidratación a corto plazo.
Lo fundamental es aclarar las distinciones que evitan malentendidos, y eso es importante. Estos estudios suelen involucrar grupos pequeños y duraciones cortas, de unas pocas horas como máximo, lo que limita la aplicabilidad de las conclusiones a situaciones de la vida real, como un día completo con comidas, viajes y variaciones de temperatura. Y, sobre todo, "más hidratante" no significa "beber sin moderación": la leche aporta calorías, las soluciones de rehidratación contienen sal y otras bebidas contienen azúcar. Por lo tanto, en las recomendaciones de salud pública, el agua sigue siendo la bebida de referencia para el consumo diario, con un principio subyacente simple: adaptar la ingesta según el esfuerzo físico, el calor, la edad y el estado de salud; un tema que siempre resurge cuando sube la temperatura y la cuestión de la prevención se vuelve muy real.
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