Cuando suben las temperaturas, un perro puede experimentar una ligera pérdida de apetito y necesitar beber más agua. Continúe ofreciéndole una dieta completa, adecuada a su edad, peso y estado de salud, sirviéndole las comidas durante las horas más frescas del día. Siempre debe tener agua limpia y fresca a su disposición, pero no helada.
El alimento húmedo es una buena opción en verano debido a su alto contenido de agua. Para un perro acostumbrado al alimento seco, las croquetas se pueden humedecer ligeramente, siempre y cuando se retiren de inmediato los restos de comida para prevenir la proliferación de bacterias. Cualquier cambio en la dieta debe ser gradual para evitar problemas digestivos.
Las frutas y verduras deben ofrecerse con moderación.
Algunos alimentos frescos pueden ofrecerse ocasionalmente como premio, como sandía sin semillas ni cáscara, pepino, zanahoria, calabacín cocido o unos trozos de manzana sin semillas. Deben servirse solos, en pequeñas cantidades y nunca deben sustituir una dieta equilibrada. También se pueden congelar brevemente porciones adecuadas para que sirvan como un refrigerio refrescante.
Algunos alimentos siguen siendo peligrosos, incluso en verano: chocolate, uvas frescas o secas, aguacate, cebolla, ajo, alcohol, café y preparados que contengan xilitol. También se deben evitar los alimentos grasos, salados o picantes, así como los huesos cocidos. En caso de vómitos, diarrea, fatiga inusual o falta de apetito prolongada, se recomienda consultar a un veterinario de inmediato.
Communauté
comentarios
Escribe un comentario
Sé el primero en comentar este artículo.