Estados Unidos y Arabia Saudita han alcanzado un acuerdo de cooperación nuclear civil que podría permitir al reino enriquecer uranio en su territorio. La firma se produce mientras Washington lleva a cabo simultáneamente operaciones militares contra Irán para impedir que Teherán haga lo mismo.
El secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, y su homólogo saudí, el príncipe Abdulaziz bin Salman, firmaron el miércoles un "acuerdo de cooperación nuclear pacífica", acompañado de un "acuerdo bilateral de salvaguardias". El anuncio fue realizado por el Departamento de Energía de Estados Unidos, que calificó el acuerdo de histórico y lo consideró un hito del gobierno de Trump.
El contenido del acuerdo suscita interrogantes, en particular en lo que respecta al enriquecimiento de uranio. Riad lleva varios años exigiendo el derecho a enriquecer su propio uranio, una capacidad que Washington se había negado hasta ahora a conceder a sus socios en virtud de los denominados acuerdos "123", que reciben su nombre del artículo de la Ley de Energía Atómica de Estados Unidos que los rige.
La paradoja geopolítica es sorprendente: justo en el momento en que Estados Unidos ataca militarmente a Irán para obligar a Teherán a abandonar su programa de enriquecimiento de uranio, está abriendo la puerta a que Arabia Saudí, un rival regional de la República Islámica, tenga esa misma capacidad.
En 2018, el príncipe heredero Mohammed bin Salman afirmó que si Irán adquiría un arma nuclear, Arabia Saudita haría lo mismo "lo antes posible". Esta declaración alarmó a los expertos en no proliferación, quienes temían que un programa de enriquecimiento saudí pudiera debilitar aún más la arquitectura de seguridad nuclear en Oriente Medio.
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