El secretario de Estado, Marco Rubio, anunció el martes nuevas sanciones estadounidenses contra la presidenta de la Corte Penal Internacional, la jueza japonesa Tomoko Akane, y el abogado senegalés Abdoulaye Seye. Esta decisión marca una nueva etapa en la ofensiva del gobierno de Trump contra el tribunal internacional con sede en La Haya.
Las sanciones se impusieron mediante una orden ejecutiva firmada por Donald Trump . Estas prohíben a Tomoko Akane y Abdoulaye Seye entrar en Estados Unidos y realizar cualquier transacción dentro del sistema financiero estadounidense. Rubio justificó la medida afirmando que estas dos personas "participaron directamente en los esfuerzos de la CPI para investigar, arrestar, detener o enjuiciar a funcionarios cuyos gobiernos no han consentido a la jurisdicción de la Corte".
En la cadena X, el Secretario de Estado de EE. UU. presentó esta decisión como parte de la "misión inquebrantable" de Washington de "proteger a los estadounidenses de este tribunal fraudulento". El Departamento de Estado calificó a la CPI como una jurisdicción "corrupta y fatalmente politizada", acusando a la Corte de haber "abusado de su autoridad" y "excedido su mandato".
Fundada en 2002, la Corte Penal Internacional (CPI) enjuicia a los autores de crímenes de guerra, genocidio y crímenes de lesa humanidad. Estados Unidos no es miembro, pero el estatuto de la Corte le permite enjuiciar a nacionales de Estados no miembros cuando los crímenes se cometen en territorio de un Estado miembro. Es precisamente este punto el que Washington cuestiona.
Rubio argumenta que la CPI representa una amenaza para el personal estadounidense encargado de hacer cumplir la política migratoria de Trump o de llevar a cabo operaciones contra embarcaciones en aguas internacionales en el marco de la guerra contra las drogas. Trump, por su parte, ha declarado que la campaña estadounidense busca proteger a su aliado, el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, buscado por la Corte desde la emisión de órdenes de arresto relacionadas con la guerra en Gaza.
Rusia es, hasta la fecha, el único otro país que ha sancionado a Tomoko Akane. Por parte de Estados Unidos, la presión sobre la CPI se ha intensificado durante varios meses: Chad y Venezuela ya han respondido al llamado de Washington retirándose de la Corte. El mes pasado, Rubio anunció su intención de fortalecer esta campaña diplomática para convencer a otros Estados miembros de que abandonen la institución.
La CPI respondió el martes que se mantenía firme en su postura y en solidaridad con todo su personal. En un comunicado, la Corte advirtió que «las medidas dirigidas contra jueces, fiscales y agentes que trabajan para cumplir el mandato que los Estados le han encomendado a la CPI socavan el estado de derecho». Añadió que amenazar a los actores judiciales en el ejercicio de la ley «pone en peligro el orden jurídico internacional».
Tres jueces de la CPI ya habían demandado al gobierno de Trump en junio, declarando ilegales las sanciones. La semana pasada, cuatro organizaciones de derechos humanos presentaron su propia demanda, argumentando que a las víctimas de crímenes de guerra se les negaba el acceso a la justicia.
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