El Papa León XIII presidió una solemne vigilia en el Coliseo de Roma el Viernes Santo, marcada por oraciones por los niños víctimas de conflictos y migraciones forzadas.
Ante miles de fieles reunidos en el emblemático anfiteatro romano, el pontífice participó en una ceremonia a la luz de las velas, salpicada de meditaciones espirituales centradas en el sufrimiento de los más vulnerables.
Las oraciones estuvieron dedicadas en particular a los huérfanos de guerra y a los niños migrantes expulsados, en un contexto internacional marcado por el aumento de los conflictos y los desplazamientos de población.
Durante esta vigilia, el Papa también transmitió un contundente mensaje a los líderes mundiales, advirtiéndoles que sus decisiones serían juzgadas algún día por Dios, en una postura con fuertes implicaciones morales.
Esta ceremonia, que conmemora la crucifixión de Jesucristo, forma parte de una serie de intervenciones recientes del Papa, que se ha convertido en una voz crítica ante las tensiones internacionales, en particular en torno a la guerra con Irán.
Con este discurso, el jefe de la Iglesia Católica volvió a pedir responsabilidad a los líderes y una mayor atención a las poblaciones más vulnerables, especialmente a los niños atrapados en las crisis contemporáneas.
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